Propiedad Intelectual

Derechos individuales y sociedades de gestión colectiva

 

El foro de panelistas empezó con una introducción a cargo de Jordi Puy de Unison Rights, empresa española que gestiona los derechos de propiedad intelectual desde el sector privado. Puy considera que estos derechos, en el marco de la pandemia actual, son más importantes que nunca para garantizar la supervivencia del sector musical. A la luz de la pausa en las actuaciones en vivo, que representaba la mayor parte de los ingresos para los artistas, se vuelve imprescindible que músicos, intérpretes y compositores solucionen su situación frente a la recolección de las regalías por los derechos de uso de sus obras. En ese sentido, Puy considera que debe existir una asistencia por parte de la política pública para que los derechos de autor se recauden de la mejor manera posible. Debe, en ese orden de ideas, existir una claridad frente a los principios de uso efectivo, unas buenas normas de distribución y una implementación de recursos y herramientas tecnológicas para todos los procesos, desde del registro de la obra musical hasta el reparto de las regalías recaudadas. Pues, aunque existan legislaciones, no siempre se cumplen por desconocimiento de alguna de las dos partes. Así mismo, Puy plantea cómo a través de la política de la Unión Europea de liberalizar la posibilidad de recaudación de regalías, como es el caso de su empresa, se ha logrado desarrollar la transparencia y eficiencia de la gestión de derechos musicales, a partir de la idea de la libre competencia que, en teoría, permite ofrecer mejores soluciones. 

El panel en vivo tuvo como moderadora a la abogada y editora Juliana Velasco que conoce tanto del mundo de la música como del editorial. Como panelistas invitados estuvieron Sergio Mejía de la orquesta La 33, Daniel Michel de Mambonegro Records y la BOA, Gustavo Palacios de la IFPI, y Paola Colmenares de Colmenares Group y Go Digital Media. La posibilidad de discutir temas desde ambas orillas motivó un debate inquietante sobre la explotación patrimonial, fundamental al contexto de la pandemia. 

 

  1. Estados actuales de la gestión de derechos en la industria de la música y como los agentes de la industria y sus trabajos están atravesados por estos derechos. 

Sobre los derechos de propiedad intelectual en la coyuntura actual se ha reparado en su importancia, pues hoy en día éstos son más importantes que nunca para la supervivencia del sector de la música a la luz de que los artistas no están deviniendo un ingreso por la falta de eventos y espectáculos en vivo. Estos derechos, es importante acotarlo, no solo afectan a los autores y autoras de las obras, sino también a los intérpretes de las canciones, que devienen un porcentaje de la recaudación por derechos de uso público de los fonogramas, más aún a la luz del amplio escenario digital que hoy existe. Hay autores que componen para intérpretes, lo que las permite tener un ingreso por distintas vías. Antes, estos artistas recibían ingresos destacables por presentaciones en vivo que hoy no se están dando o, si se dan, no está clara la legislación por los conciertos y eventos emitidos desde plataformas digitales. Esta situación lleva a prestar atención a la propiedad intelectual como una de las herramientas para sobrevivir el impacto de la crisis en el sector, pues nacen nuevas oportunidades de recaudación. Por esto, es necesario que haya políticas públicas valientes que aseguren que los derechos de autor se recauden y se repartan de la mejor manera: de acuerdo con el uso efectivo, normas de distribución y utilizando herramientas tecnológicas para optimizar procesos, desde el registro de la obra hasta su uso, cobro de regalías y el reparto del dinero recaudado a todas las partes implicadas. 

En Colombia, las normas de propiedad intelectual tienen un amplio y detallado desarrollo. Por ejemplo, la ley de derechos de propiedad intelectual tuvo una reforma hace pocos años, garantizando a todos los titulares y actores de la cadena de producción la posibilidad de definir las condiciones en que las obras pueden ser utilizadas por otros actores, ya sea del sector público o privado. Quienes hacen efectivos esos derechos lo pueden hacer de forma individual −cada vez que se produce un contenido− y lo pueden hacer de forma colectiva, a través del derecho de comunicación pública de un contenido por distintos agentes de la cadena de valor. En ocasiones, es difícil que todos los actores de la cadena moneticen los derechos y, frente a esta problemática, surgen las sociedades de gestión colectiva, que funcionan como un instrumento para la gestión de algunos derechos delegados a otros actores de la cadena para así gestionar de la mejor manera posibles las brechas de valor: valor económico de derechos de artistas, productos o comercializadores.

La música grabada ha crecido y el consumo por streaming ha aumentado. El pago por derechos de propiedad intelectual en contextos digitales ha aumentado sustancialmente desde el inicio del confinamiento. Pero ha traído a la luz la disparidad en la recaudación de regalías. 

  • Actualización de la industria en los derechos patrimoniales. Los creativos y todos los que viven de la propiedad intelectual han entendido el valor real de sus derechos; tanto morales como patrimoniales, desde el inicio de la creación de la obra hasta su comercialización. Muchos han visto la necesidad de tener todo en regla para, en un futuro, explotar su catálogo y tener fuentes de ingreso estables y duraderas. Esto se había descuidado en los momentos previos al confinamiento, pero se repara en su importancia ahora que las condiciones para celebrar conciertos y espectáculos no están dadas. 

  • Un ecosistema más complejo. Con nuevas plataformas aparecen nuevos agentes y posibilidades de inteligencia de la información para tomar decisiones sobre los derechos. Con un panorama más complejo, cada sociedad colectiva se ha ubicado en un nicho determinado, conociendo muy bien los derechos que corresponden a ese sector. Solo así es posible obtener beneficio económico o de otra índole. El consumo de la música se ha convertido en actividad ubicua por parte de los usuarios de plataformas, así como de bares, restaurantes y hoteles que reproducen en sus espacios las composiciones de artistas. Cada uso de un fonograma tiene un efecto sobre el titular de los derechos intelectuales de la obra y a éste se le debe reconocer por cada espacio, digital o presencial, en que su pieza se reproduzca. 

  • Falencias dentro de la industria. Este periodo de coyuntura evidenció las falencias respecto a la gestión de los derechos patrimoniales sobre la música (creaciones, obras, fonogramas), debido a que, sin forma de hacer presentaciones de música en vivo, la industria ha recurrido a las plataformas digitales. Ello ha revelado la incomodidad con los pagos por reproducción en estos servicios de streaming que reciben los artistas por sus obras. 

  • Recaudo por propiedad intelectual. Los derechos de la propiedad intelectual y el recaudo de regalías se han visto afectados por la coyuntura porque los conciertos en vivo generaban derechos de autor y derechos de propiedad intelectual que hoy no se dan. Empero, existen otros espacios de consumo que no se están monetizando, oportunidades de sincronización a partir de derechos editoriales que no se tienen en cuenta. 

  • Los espacios tradicionales de comercialización musical están total o parcialmente cerrados. Hoy, toda la comunicación pública de la producción musical en espacios comerciales como bares, centro comerciales y hoteles ha desaparecido o decrecido. Más que nunca el universo digital se vuelve un nicho importante para artistas para devenir ingresos por sus piezas musicales. 

 

  1. ¿Cómo pueden las políticas públicas aportar a las problemáticas con las sociedades de gestión colectiva tradicionales?

Los ministerios de cultura deben intervenir a través de política pública creando incentivos para uso de tecnologías que agilice el recaudo por derechos de propiedad intelectual. Se necesita una normativa clara que ayude a implementar las legislaciones de propiedad intelectual vigentes porque muchas veces la ley existe, pero los usuarios no la respetan. Ahora, si bien las políticas son útiles, la intervención de un ente público en lo privado es complejo. En la actualidad resulta importante que estas necesidades estén en el punto central del debate, pues no hay una claridad específica en ese respecto. 

  • Liberalización del mercado europeo. En Europa hay empresas de derechos de autor que son intervenidas por el Estado cuando hay problemas en su funcionamiento o cuando hay actuaciones que sean perseguidas por la ley. Pero, más allá de las actuaciones puntuales de mala praxis, la intervención se centra en crear reformas legislativas que permitan que crezca la competencia. La Comisión Europea dio vía libre para mayor competencia liberalizando el sector en beneficio de titulares de derechos. Esto implica que, ahora, empresas privadas pueden fungir como recaudadoras de los derechos de propiedad intelectual y de actor. En un ejercicio económico sencillo, si hay mayor competencia, se mejoran los servicios ofertados, por lo que las empresas buscan tener mayor número de clientes a la luz de su buena gestión. 

  • Condiciones que permitieron el éxito de los procesos asociativos. Los procesos asociativos en Europa y Brasil buscan contribuir a la aceleración de trámites y esquemas que sean ágiles eficientes y eficaces al momento de garantizar derechos de propiedad intelectual en contextos en los que su aplicación aún no es consistente en toda la industria musical. Mirar a estos ejemplos permite mejorar el marco normativo propio, aprendiendo de los procesos que ya han sido implementados y que han tenido éxito. 

  • Tecnologías y procesos asociativos. Mejores políticas abren la puerta para que se utilicen nuevas tecnologías para garantizar eficiencia y transparencia entre los distintos agentes involucrados en los derechos de propiedad intelectual en distintos ámbitos: registro de obra, revisión y rastreo; mayor y mejor recolección y distribución de regalías. La tecnología debe funcionar en beneficio de quienes la emplean, no complicar los procesos burocráticos con un sistema hermético de difícil acceso. Para ello, también, es menester mejorar las condiciones de conectividad en todo el territorio colombiano, garantizando el acceso a estos instrumentos a cada una de las partes. 

 

  1. El lugar que ocupan las sociedades de gestión colectiva dentro del desarrollo profesional y empresarial de los artistas. 

El artista debe conocer los beneficios que genera su creación. Desde su perspectiva, hay un desconocimiento sobre los derechos de propiedad intelectual porque para ellos es más difícil gestionar este tema que dedicarse a hacer música. El artista integral es una necesidad cada más importante del mercado, pues no todos pueden permitirse económicamente contar con un equipo que revise cada uno de los procesos. En ocasiones, hay reglas de difícil cumplimiento para pertenecer a sociedades de gestión, tal como lo es poseer un número mínimo de composiciones o creaciones (que por lo general es bastante alto y hace que se desperdicien las primeras aproximaciones musicales en la vida de un artista) o el pago de un monto inicial (bastante alto) para pertenecer a estas asociaciones. Un autor es una persona que tenga una obra creada, no diez o quince.

Sin embargo, se reconoce la importancia de estas entidades al facilitar el recaudo de regalías, como el único sistema que funciona en la actualidad. De todas maneras, es importante que los artistas tengan claridad sobre las reglas de juego y conozcan lo que ocurre alrededor de lo que crean y los escenarios a los que se pueden enfrentar, como pertenecer a sociedades de gestión o gestionar su producción de manera individual. En caso de que ellos no puedan hacerlo por sí mismos, pueden buscar asesoría previa por parte de profesionales que se dedican a estas actividades. El objetivo es conocer que existe la posibilidad de poder vivir de lo que se hace, que la obra tiene un valor monetario que reconoce el esfuerzo, la dedicación y el arte de quien la crea. 

  • Capacitación de actores de la cadena. La Oficina Nacional de Derechos de Autor capacita en temas básicos en torno a los derechos para que así haya buena información y se generen nuevas oportunidades de negocio. Hay que capacitar artistas para que puedan ellos mismos, si no tienen los medios para contratar a un tercero, realizar los procesos de registro, cobro y recolección de las regalías de sus obras. Quienes tienen claridad sobre sus derechos y el uso de su producción están generando regalías del medio para amplificar sus contenidos. Además, existen varios tipos de contrato y con las disqueras hay mucha flexibilidad y modelos de negocio de acuerdo con cada nicho. Hay disqueras que educan y gestionan derechos. Promusica, por ejemplo, ha defendido los derechos de creadores porque es la manera para proteger la industria en el futuro.  

  • Sociedades de gestión e información a creadores. Mambonegro es sello, editora y productora de contenidos. En la empresa hay un ecosistema que atiende y gestiona entre 60 a 90 artistas al año. Ellos brindan información acerca de derechos morales y patrimoniales a los creadores. Con esto buscan que los artistas elijan su camino comercial y patrimonial. Sin embargo, es una decisión individual si quieren inscribirse en una gestora de acción colectiva para estar en regla porque, finalmente, es el futuro comercial de la producción artística lo que está en juego y cada quien debe hacerse responsable de velar por su patrimonio. 

  • Ambivalencias entre los creadores de contenido. La agrupación La 33 ha estado vinculada a Sayco y a otras organizaciones que cobran derechos a través de distintas plataformas. Con Asinpro hay que tener un número determinado de producciones registradas para trabajar con ellos, lo que implica mucho dinero para capitalizar y acceder a lo que se supone son derechos. El cobro de estos dineros, además de los requerimientos básicos para acceder a estas ventajas, son elevados para varios artistas que apenas están empezando su recorrido en el mundo de la música. 

  • Asesoría. Trabajar de forma individual permite no estar atado a editoras por medio de contratos a 20 o 30 años o pagar dinero a las sociedades de gestión colectiva. La desventaja es que no existe asesoría legal y esto puede representar mayores riesgos y pérdidas de la autonomía financiera y la explotación de los derechos. También, muchos artistas eligen la gestión individual de sus derechos asumiendo que no es necesario aprender a leer contratos y tener herramientas de negociación del uso de su producción. Quienes no buscan asesoría pueden verse perjudicados en su negocio de maneras que no alcanzan a imaginar por el desconocimiento del marco legal que los cobija. Si los artistas no se asesoran, tienen el deber de aprender ellos mismos las legislaciones pertinentes para hacer valer sus derechos. 

  • Vacíos legales en Colombia. Cuando llega un contrato no solo hay que revisarlo desde antes hay que registrar la obra, si se es creador, o si se es parte de una sociedad de gestión colectiva. Hasta aquí hay claridad sobre los pasos a seguir, pero ¿qué pasa con la tecnología? ¿Dónde está la información acerca de nuestras obras? En Colombia no es fácil encontrar esa información y no está reglamentada para que las sociedades de gestión puedan optimizar su trabajo. Esto supone una ralentización en los procesos de recolección de las regalías de los artistas. 

 

  1. Qué tan recomendable es entrar a ser parte de sociedades colectivas de gestión. 

la información de calidad es transversal a la industria y permite tomar buenas decisiones a las sociedades de gestión colectiva. Pero, son tantos derechos y tantas las fuentes de ingreso que se debe manejar muy bien la información, sin que eso signifique que se logre tener ojos sobre la capitalización de cada derecho. Esta situación, aunque persiste, ha mejorado. Afortunadamente, los artistas gozan de un privilegio enorme en Colombia que los protege, incluso, cuando no es tan fácil identificar la fuente de ingreso o el derecho que se está capitalizando: ningún artista tiene que registrar sus obras para que estén protegidas. Es útil hacer el registro, pero desde el momento de creación de una obra, esta se protege de cualquier utilización en el país y en cualquier parte del mundo. 

  • Distribución de regalías por derechos de autor. Antes, las sociedades de gestión distribuían el dinero captado en establecimientos de comercio utilizando planillas −si llegaban a tenerlas− lo que se prestaba para manipulación del dinero recibido. Hoy en día, ese recaudo se automatizó y provee información muy precisa sobre las fuentes y el tipo de ingreso sin perjudicar al artista. 

  • Código estandarizado internacional. La asesoría y acompañamiento de una sociedad tiene resultados positivos: el productor que se preocupa -junto con la sociedad- porque su producción tenga código estandarizado internacional de identificación, genera oportunidades frente a cualquier lugar y tipo de usos a nivel mundial. Solo así se puede rastrear, controlar y percibir remuneración. 

  • Sociedad de gestión colectiva versus gestión individual. La gestión individual supone que el creador cobra no a través de la sociedad, sino a través de sí a cada comercializador de su obra, a cada lugar. Este proceso además de ser desgastante limita el tiempo que el artista dedica a la creación de su obra.  

  • Operación de las sociedades de gestión colectiva. Es importante entender cómo operan financieramente las sociedades para comprender qué dinero les corresponde a los artistas. Por ejemplo, una sociedad genera 10 mil millones al año, pero tiene 8 mil afiliados y, además, gasta un dinero en funcionamiento, monitoreo, negociaciones y procesos legales equivalente al 20 por ciento de sus utilidades. Si se divide el remanente de forma igual entre todos los artistas miembros de la sociedad, le corresponden 10 millones a cada uno en un año. Pero a todos los artistas no les va igual. Además, un 10 por ciento del dinero va a seguridad y bienestar, partes importantes para garantizar la tranquilidad de cualquier empleado.

  • Comunicación entre sociedad de gestión y artistas. Tanto compositores como productores dicen que no se les paga el dinero correspondiente, pero en muchas ocasiones el artista o productor no ha contado a la sociedad de gestión que ha realizado un concierto o una presentación. Además, la sociedad no informa que estas actividades generan derechos patrimoniales sobre su obra. Si no hay comunicación bilateral, la información no ingresa a las bases de datos de las sociedades y no se obtiene remuneración. 

  • Recaudo y gestión de derechos. El recaudo y gestión de derechos completos sigue siendo una aspiración para las sociedades de gestión colectiva. Esto genera incertidumbre en otros agentes de la industria pues, quienes deben tener pleno conocimiento de cómo gestionar este tipo de temas muchas veces tampoco lo pueden hacer en la totalidad de casos. Adicionalmente, las sociedades de gestión suelen ser muy grandes y trabajan con miles de artistas, lo que genera problemas de comunicación a nivel individual con cada creativo, desmejorando la calidad de información al que este puede acceder. Finalmente, existe un rubro de obras no identificadas que perciben ingresos y no se sabe a quién entregarlo, generando ineficiencia en los procesos de la sociedad.

  • Oferta de sociedades de gestión. Ser parte de una sociedad da la posibilidad de ver dinero que antes parecía no existir. Es muy fácil poder recoger el dinero que se genera a través de plataformas. Lo difícil es que, en Colombia, hay poca oferta de sociedades de gestión colectiva especializadas en nichos como las escenas independientes. Además, para muchos artistas sigue siendo un misterio cómo operan estas sociedades. 

  • Potencialización de las sociedades de gestión colectivas. En Colombia no se sabe aprovechar el potencial de las sociedades. Los creativos son parte de estas y, si ellos no demandan cambios, todo será igual. Los actores deben asistir más a las asambleas y abogar por la transparencia de la información. Si un artista no está pendiente de sus propios derechos, puede ocurrir que, por ejemplo, no sepa que el recaudo del dinero tiene una vigencia y luego desaparece. 


 

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