Procesos Asociativos

 La organización de la música: los procesos asociativos y el desarrollo empresarial

La reflexión del foro se inaugura con el testimonio de Vitor Santana, cofundador y director de la Fundación Contato Brasil, del país hermano latinoamericano. Contato es una ONG fundada en un 2002 que busca el asociativismo en el sector de la música y el sector audiovisual, teniendo un contacto importante con la periferia de los lugares periféricos del discurso cultural en los que, de cualquier modo, existe una potencia creativa e imaginativa excelsa. Santana y Contato reconocen y creen que la figura de la asociación es la base de la cadena productiva de la música. Sobre todo, para los más pobres: es importante tener en cuenta el valor social de la cultura, permitiéndole a los sectores con menos recursos hacer parte de un diálogo cultural y de transformación en el ejercicio de quienes integran estos sectores. Es importante que éstos entren en el juego de la música y del mercado. Comprender la cadena productiva de la música es vital para entender el modelo en el que el asociativismo es la base, más aún con el cambio del modelo de la distribución del mercado musical. 

En el panel, posterior a la introducción, participó Eddy Gómez de Llorona Records, Discos Pacífico, la Coalición de Música Independiente, y la Asociación de Sellos Independientes como moderadora del debate. Así mismo, se presentaron como panelistas Melissa Ortega, DJ y gestora dentro del colectivo feminista Pez Alado, Juan Luis Restrepo, de la editora MVSICO, Jorge Iván Cubillos, de la naciente asociación sectorial AIMCO y Yalessa Echavarria, directora de El Roble Producciones y vocera de la IPEE (Industria de Producción de Eventos y Espectáculos). 

  1. Perspectiva y experiencia sobre la organización musical empresarial. 

La asociatividad en el sector musical es un reto que siempre ha estado sobre la mesa, pero que se hace acuciosa aún más en el marco de la pandemia actual. Como gremio la música debe enfrentar los retos que el período pandémico supone a partir de la construcción de redes y colectivos. Por ello, es clave que los diversos sectores de la escena cultural coordinen labores desde sus diferentes profesiones, teniendo clara la importancia de que la agremiación y organización pueden promover e impulsar políticas y acciones que visibilicen el gremio durante y luego de la pandemia. La suspensión de los espectáculos culturales supone una detención en la cadena de producción y de valor de la música, obligando a los actores del sector a reunirse de manera virtual. Las conclusiones, en esa primera instancia, y como señala Echavarria, llevaron a la constatación de que el sector cultural no está contemplado en el ecosistema económico del país, invisibilizando a personas centrales de estas operaciones como técnicos, logísticos y varios otros oficios del arte y la cultura, que han sido identificados en el Ministerio de Cultura como más de 1200 en la cadena de valor. Por ello, se reflexiona sobre lo siguiente: 

  • Escenarios independientes y alternativos. Pez Alado surge en el 2017 con el objetivo de trabajar desde la prevención para generar espacios seguros, sobre todo en los escenarios de música electrónica. Su línea teórica y práctica está atravesada por la manera cómo los cuerpos trans, femeninos y de género disidente ocupan el espacio físico de las fiestas y espectáculos y se los somete a violencias sistemáticas y estructurales, en las que radica una falta de reflexión sobre el cuerpo en el espacio real de la cultura nocturna. De esta apuesta de politización de la fiesta nocturna nació ECO, un proyecto de charlas en el que se juntan actores de música electrónica independiente para hablar de descolonización, feminismo y contracultura. De allí surgió la arista de la descolonización con la que también trabajamos para mitigar el impacto de las desigualdades generadas por los sistemas de modernidad. La creación de estos espacios, así como la implementación de sus reflexiones en acciones de política pública y de construcción social, es clave para asociar no solo a los gestores de eventos, sino a un público que, a veces por desconocimiento, incurre en faltas gravísimas que violentan o invisibilizan a asistentes, artistas o promotores.

 

  • Proyectos asociativos de distintos sectores de la industria. El IPEE es un proyecto asociativo de distintas personas, tanto naturales como jurídicas, que conforman una cadena de servicios de eventos y de artes escénicas. Esta cadena de valor gestiona servicios productivos en los que todos los agentes son transversales e igualmente importantes. Cada sector de la cadena −cultural, deportivo, de eventos− está conformado por otros muchos oficios que giran alrededor de la producción de eventos, que también son parte del ecosistema y que deben asociarse para tener visibilidad. Con la cuarentena, hubo una reunión con varios agentes para plantear procesos nuevos de asociación y fortalecer los existentes. Así mismo, se hizo un esfuerzo juicioso por parte del Ministerio de Cultura para identificar los actores y oficios que se desprenden de la cadena de producción de cultura, que simplemente no se habían contemplado con anterioridad en el mapeo cultural que se ha hecho en otras ocasiones. El resultado es el desglosamiento de más de mil ocupaciones relativas a la producción y ejecución de eventos y espectáculos culturales, cuyas fuentes de ingresos se han visto peligrosamente mermadas en el marco de la pandemia. 

  • Proyectos asociativos con actores similares de la industria. La Mesa Nacional de Músicos coordinó apoyos económicos y mercados para artistas durante la pandemia. Además, es un espacio independiente y neutral para que los músicos independientes tengan voz. Con ese espíritu, la Mesa sigue creciendo y contacta a otras organizaciones independientes para crear un colectivo que representa a músicos de distintos escenarios del ecosistema musical menos tradicional. En ese orden de ideas, es importante contemplar a músicos callejeros, servicios de serenatas, músicos en las orquestas del distrito y, en general, todos aquellos que hacen su día a día con base a su quehacer como intérpretes y compositores. 

 

  • La asociación de la industria frente al mercado. AIMCO tiene varias líneas de acción. El objetivo más importante es agrupar a agentes y empresas principales de la industria musical desde una perspectiva de mercado. Por ello, se juntaron varias voluntades que tienen incidencia en la producción de eventos, la creación nusical, la formación de públicos, entre otros. La pandemia permitió que quienes estaban trabajando de forma aislada se tuvieran que articular con agentes parecidos o distintos de la misma industria, lo que permitió que la asociatividad se convirtiese en un punto vital dentro de la reflexión en el sector. Por otro lado, el Estado también se tuvo que asociar de manera más comprometida con el sector, pues no sabía a quiénes dirigirse, dónde buscar información y cómo apoyar a los agentes en la cadena de valor durante la pandemia. AIMCO aportó información para que se atendieran las necesidades de la industria en ese momento y continúa trabajando al velar por los derechos de los músicos y gestores del sector cultural. Así mismo, se unieron sectores como los de El Paro Suena, inaugurado en el marco del 21N de 2019, para atender la emergencia en la que se encontraban los músicos. Se gestó una asociación de agentes independientes que quizás y no estaban agremiado o estaban afiliados a organizaciones como Sayco y Acinpro. También se hace evidente la falta de organización de los músicos independientes quienes, a falta de mejor conocimiento, se encuentran en una situación compleja.

 

  • Diversidad y visibilización de actores dentro de la cadena de valor. No todos los actores de la cadena de valor del mundo del espectáculo y de la cultura están en el imaginario económico del país, desde el artista hasta el agente logístico. Hay 1240 oficios en la cadena de valor y hay que trabajar en políticas públicas para lograr la visibilización, normalización y formalización de ese sector en el ecosistema. De esto se concluye que en la economía cultural existe aún un desconocimiento cabal de cada uno de los implicados de una u otra manera.

 

  • Apoyo a artistas independientes y artistas no agremiados. Hay una alta prevalencia de necesidades básicas insatisfechas y necesidades propias del sector que otras organizaciones no han podido satisfacer porque no representan a los artistas independientes. Hay organizaciones como Sayco y Acinpro que no agremian a los artistas independientes por distintas razones. Adicionalmente, los formatos más institucionalizados como los consejos distritales de música funcionan bien, pero su dinámica no permite que haya alta representatividad de algunos sub-ecosistemas musicales. Estas ausencias dejaron desprotegidos a muchos músicos que estuvieron en riesgo y en situación de vulnerabilidad muy alta durante la pandemia, haciéndose necesaria la labor de varios sectores y organizaciones que buscaron solventar de alguna manera sus detrimentos con mercados y donaciones.

 

  • Necesidades inmediatas y necesidades a futuro. En el gremio del espectáculo y la música hay que mejorar en tres aspectos: fortalecer los procesos e iniciativas que versan sobre lo económico y lo jurídico desde la política pública, fomentar el emprendimiento a través de la transformación digital y fomentar colaboración entre agentes. Hace falta dar una respuesta inmediata, pero también el gremio debe proyectarse para que el mercado de la música siga funcionando durante y luego de la crisis. Las reflexiones que nacen en la pandemia deben ser apenas el punto de partida para la implementación y fortalecimiento de luchas y procesos. 
     

  1. Importancia de la asociación en términos económicos sociales y políticos.  

Los músicos son un grupo diverso con intereses muy diversos también. Hay cosmogonías distintas y varios niveles de formación, profesionalización y empleo en las diversas esferas de la economía cultural. Lo que une a estos actores como gremio es una intención de diálogo que busca fortalecer la agremiación de los músicos tendiendo puentes y creando iniciativas entre particulares, asociaciones y el estado.  Como colectividad, la industria busca la expresión libre e individual o colectiva de los artistas y de los oficios y agentes involucrados. Adicionalmente, el gremio trabaja conjuntamente por los derechos del sector, promoviendo la participación en construcción de políticas públicas que lo beneficien a nivel social, cultural, político y económico. La asociatividad, de nuevo, es la base principal sobre la que se debe establecer la cadena de producción, para tener inherencia en estos temas. Posteriormente, se involucran sellos discográficos, tiendas de discos y otros eslabones, como lo son periodistas, críticos y promotores. Para crear música e insertarse en la cadena de valor, y pensando en la demográfica más pobres económicamente, es preciso articular fuerzas populares que se colectivicen y que se integren socialmente al mercado. Los técnicos, artistas, periodistas y otros deben estar hablando constantemente con disqueras, sellos y editoriales para codirigir las acciones colectivas y generar cambios políticos y sociales, causando un impacto en la opinión pública y un reconocimiento del estado real de las cosas. 

 

  • Injerencia social y económica dentro del gremio. La Mesa Nacional de Músicos aterrizó tres proyectos iniciales: 

 

  • La realización de un censo de registro de agentes de la música que no existía. 

  • La estructuración de un plan para la reactivación económica del sector musical.

  • La captación de dinero para un fondo solidario para apoyar a músicos con necesidades económicas. Este último debe seguir un protocolo para atender a las personas que lo soliciten con ayudas gubernamentales, solidarias o de otros sectores. 

 

  • Organización, valor y remuneración del trabajo. Es necesario complementar formas de organización de la música, desde los independientes, intérpretes, compositores y otros oficios. Desde esas asociaciones se pueden identificar necesidades comunes e identificar maneras para trabajar en conjunto para ganar visibilidad y acuerdos mínimos sobre el costo y valor económico del trabajo para poder vivir dignamente y poder determinar pagos coherentes con las necesidades de compositores e intérpretes. 

 

  • Buenas prácticas en Brasil. Cuando Gilberto Gi fue ministro en Brasil se idearon y construyeron proyectos denominados Puntos de Cultura en muchas áreas −centrales y periféricas− para que desde cada punto se generarán proyectos, ideas y encuentros hacia periferias aún más distantes. De esta manera, los puntos de cultura indígenas se articularon con puntos de cultura de la periferia urbana. Luego, se articularon puntos de cultura y estados, regiones y ciudades en torno al trabajo que ya estaban realizando los actores locales, para así construir sobre lo que ya existía, antes que reinventar todo el sistema con la construcción de espacios culturales que no serían aprovechados. Sí, hay que crear espacios físicos, pero que estos hagan espacio a la cultura musical que ya se viene dando en regiones desde hace años: el diálogo es imprescindible entre las partes y los músicos y gestores deben ser escuchados, pues son ellos quienes mejor conocen sus necesidades. Otra ventaja de estos puntos fue que su inversión no era muy alta y con ellos se crearon circuitos que no pasaban por ciudades como Río y Sao Paulo, puntos de enunciación principales del discurso cultural de Brasil. También, se articularon colectivos que crearon pequeños festivales, forjando redes con bares y casas de conciertos locales, fortaleciendo la economía cultural y demostrando su viabilidad. 

 

  • Buenas prácticas en Colombia. En Colombia hay ejemplos de asociatividad muy importantes como Circulart para la distribución y circulación de música independiente. También, Medellín tiene políticas públicas específicas para el sector musical y las integra con la reconstrucción social de la ciudad. En ese sentido, Circulart ha aprendido de las experiencias en Brasil pues se ha articulado muy bien con otras organizaciones y actores del circuito. Por otro lado, las nuevas herramientas digitales permiten que la escena crezca, lo que facilita intercambiar buenas propuestas de política pública a nivel periférico-regional, ampliando una oferta e incluyendo a nuevos actores en la dinámica del circuito. También están las residencias artísticas con músicos, técnicos y otros creadores que se organizaron en Providencia hace unos años, entre otras iniciativas que no se pueden desconocer.  

 

  • Tipos de intercambio económico y de servicios entre asociaciones. No es solo el dinero el que se intercambia: se truecan servicios que tienen un valor monetario y simbólico importante para la implementación de eventos. Cada colectivo tiene su moneda de intercambio de servicios: realización de video, creación de arte gráfico, producción, mezcla y masterización de pistas, etcétera. Hasta ahora esto funciona de forma muy local y de manera desordenada y no tarificada. Cuando podamos unir periferias de varios países para compartir saberes e intercambiarlos por distintos servicios habrá resultados a nivel regional, no solamente en términos de las músicas periféricas. Para que haya una revolución musical debemos apostarle a esta población y a otras formas de economía. Por ello, es preciso asociar y profesionalizar a estas personas, profesionalizarlas para que surjan nuevos agentes.  

 

  • No existe un censo de registro de agentes para concretar un plan de reactivación que esté apalancado también por un fondo de emergencia durante la coyuntura. Es vital poder llevarlo a cabo para tener una claridad sobre lo que se requiere para que este sector se reactive. Conocer cuáles son sus retos y sus necesidades es un punto esencial en el marco de este debate. 

 

  1. Retos en la crisis y propuestas desde lo colectivo. 

La música en vivo ha tenido que reinventarse y será uno de los últimos sectores en reabrirse por lo que suponen las aglomeraciones en tiempos de pandemia. Hay distintas propuestas desde muchas orillas que buscan sobrevivir mientras la apertura total llega de forma lenta y paulatina a distintos eslabones para, finalmente, dar vía libre a los conciertos en vivo y otros espectáculos. Apoyar estas iniciativas garantiza que la reactivación se llevará a cabo de manera armónica, que se podrá volver al formato en vivo pues se contó con un apoyo para que los proyectos no finiquitaran a fuerza de las complicadas circunstancias. 

 

  • Asociación con distintos actores y buenas prácticas. Crear memoria documental, articulando asociaciones en Latinoamérica y Europa, dentro del sector gobierno, el privado y mixto para saber quiénes son y dónde están los actores. Se presentó, además, un documento con los siguientes puntos:

  1. Plan de salvamento y recuperación del arte, la cultura y sus cadenas de valor.

  2. Censo en el Sistema Nacional de Cultura donde estén todos los agentes.

  3. Análisis de presupuestos: asignación en inversión e inventarios de infraestructura.  

  4. Mesas articuladas para trabajo mixto durante la crisis y tratar con las asociaciones temas puntuales: supervivencia, mitigación, reactivación y rediseño de política pública.

 

  • Funciones de la agremiación musical. El enfoque de AIMCO trabaja en la cadena de la industria de la música y se divide en cuatro etapas: 

 

1) Conversación para identificar problemáticas sobre articulación, informalidad, censo en varias áreas (formación, creación, integración, producción, representación, entre otras). 

2) Reconocimiento de problemáticas comunes y problemáticas de distintos sub-ecosistemas 

3) proyección y 

4) ejecución. 

 

Este plan se lleva a cabo en paralelo con la consolidación de capítulos regionales en Colombia y Latinoamérica. Finalmente, se están dando conversaciones con el Estado para crear una agenda que versa sobre tres puntos: política pública, formación y formalización.  

 

  • Falta agremiación y representación. Pocos en el sector son parte de un sistema que les agremie. Esto dificulta también la tarea de la visibilización frente a otros renglones de la economía y agencias estatales. El centro de la industria es la producción de arte, y si esta está desagregada, el músculo de los demás eslabones no puede operar de manera efectiva y eficaz. Para llevar a cabo este proceso, se debe plantear un diálogo preciso sobre las agendas particulares de cada uno de los creadores independientes, escuchar sus necesidades y resolver sus dudas. Hay una desconfianza con relación a las agremiaciones como Sayco o Acinpro, que tampoco se han preocupado por demostrar la importancia de su labor y la manera como operan. Es una suerte de hermetismo para los no iniciados.  

 

  • Bajo impacto por falta de asociación. Poca articulación a nivel país del sector impide tener más impacto al poner en marcha las distintas etapas de respuesta a la crisis. De allí la importancia de establecer vínculos con el Estado y organizaciones que hagan efectivas las acciones planeadas en las distintas etapas. El Estado debe reconocer, así mismo, que la economía cultural hace parte del sector económico y se conecta con los ecosistemas de los restaurantes, bares, festivales y muchos más. Así mismo, tiene que ver con el turismo, pues los eventos públicos y privados activan el ingreso de viajeros, la economía hotelera y la de puntos culturales de interés como museos y parques. 

 

  1. La mejor manera de agrupar asociaciones, fortalecer procesos y cuál es el papel de las instituciones.  

La asociación de los músicos es un proceso de doble vía en el que debe haber acercamientos por parte del sector musical y el sector que representa gobierno. Hay que organizarse para encontrar temas comunes y rutas sobre quién debe hablar, cuándo y sobre qué. Si bien hay elementos comunes, se han construido agendas diferenciadas para llegar a puntos de diálogo con instituciones y pares que pueden comprender las necesidades de cada subsector. Esta ruta permite que se aterrice la idea sobre la Ley de Música, que aún no existe. 

Es importante aglomerar todas las asociaciones y articular vocerías. Todos los interesados coinciden en necesidades y acciones similares con las que es posible acercarse al gobierno nacional y a los gobiernos locales. Ellos tienen un trabajo fundamental en el apoyo a la agremiación, sectorización y organización de procesos asociativos. Los sindicatos son vistos con malos ojos por ser solo plataformas de protesta a la injusticia, pero los procesos asociativos son fundamentales cuando demográficamente el sector está creciendo tanto.

 Los gobiernos son los engranajes finales del motor que mueve al sector musical y del espectáculo a través de la política pública, ¿de qué manera?, es lo que se está descubriendo y discutiendo en la actualidad. Lo que sí es claro es que el trabajo debe ser transversal y cooperativo entre el gobierno y el sector musical para establecer acciones educativas, de desarrollo y hábitat. El ejercicio de identificación de necesidades es interno de cada actor para identificar sus necesidades y exponer sus propuestas. El papel de lo público es dar garantía de que el ejercicio del sector musical exista y crezca.  

  • Restablecer el diálogo con el Estado. Se deben restablecer las mesas sectoriales que ya existían, muy necesarias para fomentar la organización gremial. Así se pueden recibir ideas de Idartes e incluir en el plan de inversión una estrategia de acción y diseño de apoyo a la organización sectorial. 

 

  • Hay sectores del gremio donde hay necesidades que no están siendo cubiertas por procesos normativos. En la política pública el sector musical no aparece mucho tampoco: las últimas políticas se hicieron en 2016 en Bogotá y en 2010 a nivel nacional. Por esto, no hay lineamientos ni inversión para promover que las asociaciones sean parte de las líneas de acción. Finalmente, las mesas sectoriales donde se daban estas discusiones con el Estado se acabaron. Reactivar estas conversaciones para la implementación de las reflexiones en las políticas públicas es un punto de partida esencial en este proceso y en medio de esta coyuntura. 


Falta fortalecer la articulación entre las instituciones y distintos sectores del gremio. Muchos eslabones y actores de la cadena de valor y distintos oficios no se encuentran representados en las instituciones, lo que impide ejecutar acciones de largo alcance con estos sectores. Es imprescindible entender que el ecosistema de la música no lo conforman únicamente intérpretes, teatros y bares. Es un esfuerzo conjunto en el que hay labores de marketing, publicidad, comunicación, promoción, entre varios otros. Así mismo, a la luz de que existen más de 1200 oficios relacionados con esta cadena de valor, es importante agrupar a todos los actores que facilitan la realización y celebración de eventos y espectáculos: tramoyistas, técnicos, logísticos, sonidistas, promotores.

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