Política Pública

La renovación de la política pública para el futuro

 

Este panel fue prescindido por Eduardo Saravia, colombiano que está adelantando sus estudios de doctorado en Berlín y quien trabaja con Sound Diplomacy, un consultorio para desarrollar estrategias de políticas públicas en Europa y los Estados Unidos. Saravia participó en el primer Pulsaciones, hacia el año 2014 y encuentra favorable el ver que, desde entonces, el discurso en torno a las políticas públicas se ha transformado, contemplando nuevos actores del ecosistema en el discurso y nuevos espacios de reflexión. , El panel en vivo tuvo como moderador a Javier Machicado, director asociado de la consultora Lado B, quien acompañó a Giovanna Chamorro de IDARTES; el asesor en regulación y políticas culturales, Gabriel Arjona; la representante de la Mesa Nacional de Música, Bertha Quintero; y el etnomusicólogo Simón Calle.

  1. Deconstrucción de la política pública para la política pública del futuro del sector musical.

El discurso ha cambiado desde la primera edición de Pulsaciones en 2014. Para entonces, hablar de música implicaba hablar de creación musical y las políticas públicas de hace cinco o seis años se enfocaban más en la formación y creación artística junto con la circulación de eventos, principalmente aquellos agrupados en los festivales al Parque de Bogotá. Muy poco se hablaba de otros agentes del sector, como ingenieros, bookers e incluso fabricantes de mercancía oficial. Hoy día se habla más sobre el ecosistema musical y sus distintos agentes de intermediación porque no solo los creadores y músicos generan industria. Aun así, hay mucha resistencia en el gremio musical porque los recursos destinados al sector siguen siendo insuficientes, faltan espacios de concertación y diálogo entre la industria y el Estado que creen políticas efectivas porque las políticas existentes solo atienden algunas de las varias problemáticas que enfrenta el gremio y su diversidad de actores. La música en vivo sigue generando muchas preguntas y hay propuestas desde el sector musical que el Estado debería escuchar con más atención. Por eso, es muy temprano para definir lo que va a pasar. Lo que sí se está configurando en Europa son escenarios musicales y oferta cultural local. Los grandes eventos serán más difíciles de mantener, por lo que el consumo artístico se reserva a lo que existe en las ciudades. Colombia debería encaminarse hacia allá también.  

  • Nuevos mecanismos para la industria musical. Hoy existe una oficina de emprendimiento y hay una Ley de Espectáculos Públicos. Ha habido iniciativas como las precedidas por la Cámara de Comercio: se crearon clusters con ministerios y secretarías que reunieron la academia, el sector público y privado para entender qué necesita el sector. Así mismo, se ha buscado internacionalizar la oferta cultural país, dialogando con mercados musicales en Europa y el mundo.  

  • Repensar los espectáculos al aire libre. Los eventos al Parque van a tener que repensarse: el Estado es el que produce y promueve estos eventos, pero tanto promotores como curadores deben ser parte de su reconfiguración, para no solo fortalecer a los artistas sino apoyar a otros sectores que se beneficien desde un esquema de negocio y no solo desde los estímulos estatales. 

  • Descentralizar actividades de la cadena. En los escenarios y festivales patrocinados por el estado, este es responsable de la producción, la curaduría, el management y el tour management. Es preciso insertar a agentes externos para fortalecer el ecosistema y no solo pensarlo para la pos-pandemia, sino desde una política que enriquezca a los actores involucrados de forma transversal y que no sea solo el Estado el que preste servicios, permitiendo la verdadera implementación de un ecosistema.

  • Indefinición de qué es un espacio para la música en vivo. La música en vivo solo se está considerando cuando ocurre en grandes escenarios y no en los más pequeños como los bares y salas medianas de concierto. 

  • La moralización y el mercado cultural de la noche. Hace falta entender y desmoralizar la noche. La economía nocturna aporta al sector creativo, pero, en Bogotá, la noche se ve como un escenario peligroso y no productivo. Sin embargo, este es el eje principal del ecosistema de la música, el punto de partida de varias personas involucradas en el sector. En estos espacios otros agentes despliegan distintos mecanismos para ofrecer sus servicios y los músicos entrenan otras habilidades de comercialización de contenido y activan su networking, además de presentar sus obras. 

  • Apuesta a la sostenibilidad. La regulación de entes territoriales y la LEP son determinantes para organizar el espacio urbano y dar facilidades en ciertas plazas para presentar espectáculos. Aún hay muchas trabas para que se creen espacios de música de forma orgánica. Estas dificultades han generado escenarios propicios para la corrupción, roces con la policía y requerimientos difíciles de cumplir para obtener permisos y licencias para participar de convocatorias públicas.

  • Falta de diagnósticos representativos. Hacen falta diagnósticos más profundos para determinar por qué este sector no llega a los niveles que podría llegar en el país. Si se tiene idea de quiénes conforman el ecosistema, dónde están y cómo están configurados, entonces se pueden crear mecanismos favorables para ampliar espacios de circulación, que son los agentes principales del sostenimiento del ecosistema.

 

  1. ¿Qué considera sobre la respuesta de la política pública frente a la crisis del sector generada por la pandemia?

En un principio nadie supo actuar y en consecuencia los agentes más afectados fueron los que participaban de la música en vivo porque dejaron de recibir público y dinero por las medidas de contingencia. Los espacios de espectáculos pagan arriendos altos y requieren mantenimiento permanente, estén o no estén ocupados. Los promotores de eventos, agentes de booking y agentes de management dejaron de recibir dinero durante casi todo el año, y los artistas que reciben sus ingresos por espectáculos en vivo también dejaron de percibir ingresos. 

  • La política pública cómo responde a la coyuntura. Ha habido ayudas y fondos para empresarios y músicos, pero los alivios se dirigen, sobre todo, a los artistas. Hay otros agentes que siguen sin recibir mucha ayuda, entre otras, por creencias sobre los espacios de circulación. Varios de estos ya han cerrado definitivamente, y en un escenario post pandemia no podrán rescatarse. Esto implica un golpe muy fuerte a todo el ecosistema. En Bogotá no se les da importancia a estos espacios en la música y en la sociedad. En Londres y Berlín la discusión está sobre la gentrificación y cómo se están cerrando venues y escenarios pequeños. En Bogotá no hay esa preocupación porque no hay el equipamiento para protegerlos y, muchas veces, para crearlos. 

 

  1. ¿Qué hitos alcanzó la política pública en el sector musical antes de este año?

El futuro del ecosistema musical depende de que los actores que lo conforman sean partícipes y agentes −económicos y sociales− que tengan resonancia en la política pública y en la sociedad en su conjunto. El ecosistema se debe pensar más allá de lo disciplinario y buscar cómo se han desarrollado las prácticas ciudadanas y la formación de ciudadanía en torno a la música, no necesariamente con el objetivo de la profesionalización. En ese sentido, la política pública ha avanzado en una dirección que le ha permitido al sector definir qué es lo cultural, cómo abordar la música y a través de qué estrategias y con cuáles instituciones. La música en el país ya no es solo tratada como un sector más sino como pilar de la práctica patrimonial, de festivales, de lo que implica la construcción de comunidad. 

  • Organización del sector cultural. Anteriormente, el sector cultural era un sector muy desordenado dentro del que cabía comercio, deportes, patrimonio, etc. Ahora, se han transformado sus estructuras. Desde la creación del Idartes en 2012 surge una entidad con el objetivo de fomentar prácticas artísticas, distintas a definiciones de cultura mucho más amplias como los usos, costumbres, comportamientos y el patrimonio. 

  • Acciones concretas. Se logró iniciar un proceso de ordenamiento de esas prácticas artísticas. Cada una tiene una línea de investigación, formación, organización, divulgación, fomento y comercialización. 

  • Articulación intersectorial. Aunque sigue siendo incipiente, ha habido más acercamientos y articulación con el sector educativo −Secretaría de educación y la academia− y con formas de organización artísticas −colectivos, grupos−para fortalecer política pública desde la diversidad de voces y actores. 

  • Continuidad de la política pública. La política pública cultural entre 2004 y 2016 transformó lo artístico, pasó de ser una obra de arte a diversas prácticas artísticas con distintas dimensiones. Hoy se habla todavía de las dimensiones de formación, circulación, apropiación e investigación de estas prácticas hoy día. Más reciente es el Plan Estratégico Cultural Bogotá Ciudad de la Música, que constituirá la ruta de aquí a doce años para desarrollar industrias culturales y creativas. 

  • La LEP. Expedición e implementación de la Ley de Espectáculos Públicos (LEP) cambia la producción y circulación en vivo y marca un antes y un después en la industria. Simplifica carga tributaria sobre el sector, excluye de IVA a los servicios artísticos. 

  • Economía Naranja. Pre-covid hubo mucho desarrollo que se complementó con herramientas transversales de economía naranja como rentas exentas de impuestos para empresas de economía naranja e incentivos tributarios para apoyar proyectos de economía naranja que están abiertos hasta el 4 de diciembre. En el área audiovisual, el incentivo es que el extranjero que invierta en Colombia lo haga de la mano de un productor colombiano. Se abre así la industria a la producción de videos musicales, un área que ha venido creciendo en Bogotá y Medellín. Además, en 2013 se crea el BOMM, la primera plataforma de música liderada por la Cámara de Comercio de Bogotá. Finalmente, se llevó a cabo la formulación de un plan a cinco años para la Ciudad Creativa de la Música que marcó líneas de trabajo y hoja de ruta nuevas. 

  • Nuevas articulaciones. Hace falta más articulación con la academia para hacer investigación. También, hay que organizar las prácticas artísticas en torno a la salud y como generadoras de capital, por lo que hay que articularlas con la secretaría de salud, medio ambiente y comercio. Finalmente, las artes deben ser parte de los procesos de descentralización con las alcaldías locales para crear espacios culturales cada vez más locales.

 

  1. ¿Cuál es el papel de la política pública al acompañar la reestructuración de la industria musical con representantes, productores y artistas a corto plazo y mediano plazo? 

El sector público había satanizado la noche durante mucho tiempo, incluso cuando hubo algún interés en acompañarla. El reto de la política pública es repensar la noción de ciudad creativa teniendo en cuenta la noche. Con la pandemia enfrentamos la construcción de una nueva normatividad para esos espacios. Hay que pensarlo en términos de salud pública y en términos de lo que necesita el sector y que sea sostenibles. Cuando acabe la pandemia todo habrá cambiado, así que es urgente preparar política pública que tenga presente la otra pandemia, que llegará entre 3 y 10 años. Muchas ciudades le apuestan a un modelo en el que haya un menor flujo de personas en un radio más pequeño para no expandir enfermedades. Por eso, la política pública debe estar enfocada en localidades y barrios. 

 

  •  Comprender la realidad actual para tomar decisiones informadas.  Bogotá creó una cuenta satélite, Capítulo Bogotá de cultura y economía creativa. Allí hay datos de Colombia y Bogotá. Esto ayuda a tomar decisiones en política pública. Por ejemplo, a nivel país se perdieron 1.3 billones de pesos, siendo las artes escénicas y audiovisuales las áreas más golpeadas. Estos datos permiten resolver problemas inmediatos e imaginarse un mundo a futuro, pero también muestran la acentuación de lo que ya venía pasando. 

  • Marcos normativos nuevos para problemas preexistentes. La informalidad de las artes ocurre en todo el país. Con la pandemia, hay menos posibilidades de vivir dignamente, lo que amplía la informalidad del sector. Frente a este problema, el Ministerio de Cultura emitió tres decretos legislativos con referencia a la industria de la música. El decreto 475 legisla el uso transitorio de recursos de espectáculos ya no para la infraestructura sino para apoyar la creación, producción y circulación digital de espectáculos públicos de artes escénicas; el artículo 818 extiende beneficios de exclusión de pago de IVA a servicio artísticos digitales. También hay medidas que se están tomando con el proyecto de Reactivarte: la creación de un fondo general de Cultura Nacional y fortalecimiento de once territoriales. De pasar la reestructuración a la LEP, esta nueva legislación dejaría de ser coyuntural y se volvería permanente. 

 

  1. ¿Cómo pensar la política pública en un mundo híbrido? 

La agenda digital no solo debe cobijar todo lo que implica creación y producción. También debe tener en cuenta la apropiación, las prácticas ciudadanas de disfrute, la formación y otros aspectos del universo musical para preguntarse ¿qué significa pensar la práctica musical? El consumo y la hibridez es la apuesta del futuro inmediato y de mediano plazo. La agenda no es solo digital, es social, de la música y debe verse en términos de disfrute, la identidad y apropiación; la ilación social también es esencial a la sostenibilidad y a la hibridación. 

  • La sostenibilidad en términos de disfrute y apropiación. Gibson, el fabricante de guitarras, estuvo al borde de la quiebra hace un año y ahora vende más guitarras que nunca. De forma paralela, la Fundación Canto por la vida -escuela de formación del Festival Mono Núñez- dejó de recibir ingresos por la formación presencial a estudiantes, pero están vendiendo muchos instrumentos producidos en uno de sus talleres. La gente está aprendiendo prácticas musicales por fuera de lo digital.  

  • Agenda de digitalización. Empresas que estaban preparadas y disponían o controlaban grandes plataformas aprovecharon y ganaron dinero y contrataron más personal, pero ese dinero no llega a todos los eslabones. El Estado debe hacer política pública para que las capacidades de todos los actores estén niveladas en conocimiento, formación y acceso para aprovechar todo el universo digital.

  • Replanteamiento de programas existentes. No es un secreto que Bogotá estaba enfocada en la circulación de música en vivo. Pero, desde los festivales hasta los estímulos tuvieron que dar un giro. Esta agenda arrancó con estrategia de atención de emergencia, utilizando mecanismos que tenemos disponibles.

+  Se trató de fortalecer otras dimensiones como la disparidad entre la inversión en términos de circulación y la creación, así que se apuntó a la creación y se replanteó la ayuda a creadores e intérpretes porque, además, ellos podían estar en casa creando o cualificando saberes. 

  • Se buscaron otras estrategias para que los promotores de conciertos tuvieran otras fuentes digitales para hacer memoria de lo que habían hecho y los investigadores pudieron mostrar digitalmente sus proyectos. Así, se logró crear un mapa que atendiera a distintos agentes a partir del proyecto de estímulos. 

  • Se transformaron los eventos públicos en eventos digitales con mucho miedo porque, históricamente se hacía de forma presencial. Cuando ocurrió el Encuentro Internacional de Maestros del Arpa -que usualmente recibe 20000 asistentes- se transmitió de forma virtual y hubo 300 mil visitas y muchas interacciones académicas, foros y charlas. 

  • Con relación a los festivales al Parque se tuvieron que mover recursos de producción artística y el Idartes creó proyectos para que los agentes del sector tuvieran alternativas para poder desarrollarlos: becas de fortalecimiento del ecosistema de la música y una beca de Concultura sobre los relatos de los músicos en la ciudad y otros proyectos que se enfocaron en lo digital. 

  • Idartes creó del Parque a la Casa, una plataforma digital para los adeptos de los al Parque. También se pudo trabajar con escenarios en música en vivo más pequeños. 

  • Aceleración de toma de decisiones. Si bien lo relacionado con la economía de la noche está por definirse, la pandemia aceleró políticas como Bogotá de Cielos Abiertos y esto agilizó el uso del espacio público, un aspecto que afecta a las artes escénicas. Hay que crear programas que permitan que los artistas estén en esos espacios y que los públicos estén cercanos a la oferta, como ocurre con la ley naranja: se abrieron once distritos creativos que permitirán que la oferta esté más cerca de las localidades. 

  • Experimentación con modelos híbridos y políticas públicas. Hoy hay espacio para experimentar, revalorar la música y pagar por ella. Es la oportunidad de intervenir la educación de públicos y cómo esa educación artística va transformando la ciudad. 

  • Políticas interrumpidas y políticos de turno. Peor que la pandemia para las políticas públicas en el marco de la cultura y de fomento a la música han sido los políticos y gobernantes de turno, quienes ignoran al sector y destruyen con la continuidad de los programas. Eso evita que la política avance.  

  • Futuro de la política pública musical Se deben considerar tres aspectos que quedan por transformar: 1) los imaginarios sociales sobre la valoración social de las artes y la música, no solo como un hobby sino como un oficio, como algo que hay que pagar por consumirlo. Este imaginario también genera desniveles entre artistas: en los al Parque, los artistas locales no tienen facilidad para vender productos y tampoco va tanto público como sí ocurre con artistas extranjeros. 2) Hay que profesionalizar a los artistas. El 90 por ciento de los músicos en la ciudad viven de un trabajo temporal mal pago y esporádico sin procesos de contratación justos. Los procesos empíricos de articulación son generados por la demora administrativa para avanzar en esos temas de contratación profesional. 3) Desde el 2003 los Ministerios de Educación y Cultura han buscado involucrar artes en formación de niños. ¿cómo queremos un público para las artes si no hay educación al respecto? 

  • Participación en política pública. ¿Cómo hacer para que la construcción de la política pública sea más participativa? Hay que abrir mesas de trabajo, pero no hay diálogo. La entidad impone leyes, como las de la economía naranja. El establecimiento no entiende que no todos los productos culturales son comercializables, no hay consciencia sobre qué son las artes y cómo facultan la organización y convivencia en la ciudad. Los Festivales al Parque evidencian cómo el encuentro y la fiesta han llevado a mejores procesos de convivencia, respeto a la diferencia, y a hablar de cultura ciudadana a partir del encuentro. 

  • Poca inversión en espacios no convencionales. La noche no es el único espacio de la industria. Hay que pensar en escenarios alternativos y fortalecerlos. Bogotá tiene 10 mil parques subutilizados, cientos de iglesias, escenarios en colegios, bibliotecas. No solo existe la noche. 

  • Limitaciones para la digitalización. La digitalización tuvo que haber ocurrido hace unos años, pero hay obstáculos que hay que resolver primero. Debe haber luz en todos los barrios de Bogotá. Debe haber articulación entre el Idartes, la empresa de luz y empresas que prestan servicios de internet para que apoyen la digitalización. No hay que pensar tanto en la cadena de valor sino en cambiar imaginarios primero. No se debieron cancelar festivales; la gente entiende que no puede estar en espacios públicos, pero no hay porqué eliminar estos encuentros. El Colon o el Julio Mario tienen una programación digital y esta idea se puede llevar a otros espacios.

 

  1. ¿Cómo incorporar a sectores musicales en la construcción de políticas públicas en la agenda híbrida? ¿cómo involucrar a la ciudadanía en ese entendimiento de nuevas prácticas, nuevo testeo de ensayo y error?

Es el gran desafío que tiene el Estado: integrar información técnica con información cuantitativa y cualitativa que han recogido entidades junto con necesidades que expone la ciudadanía. No hay que llegar a los extremos. Mucho rigor en lo técnico deriva en una tecnocracia donde desde el pupitre se crean propuestas que no ocurren en la vida de los ciudadanos. Lo contrario también es grave: las preferencias y necesidades de la gente, sobre todo en procesos tan urgentes como ahora, no es la mejor forma de hacer política pública. 

  • El disenso y la construcción colectiva. Tristemente, en muchos escenarios se exacerban posturas y se vuelven antagónicas; es difícil construir diálogo y este se reemplaza por el ataque. La primera invitación es a volver al argumento razonado a pesar de la dificultad. Hay que diseñar bien los espacios y que estén respaldados por ejercicios técnicos y de diálogo entre sectores para poder proyectar políticas culturales y creativas.

  • Procesos de asociatividad poco horizontal y sin apoyo técnico. Falta acompañamiento a los procesos de asociatividad y procesos de trabajo colaborativo. Falta abrir línea de fomento para estas iniciativas porque esto cualifica la interacción entre entidades públicas y la ciudadanía para trazar rutas sólidas y que no sea solo el Estado el que, por tener el dinero, maneje la agenda y los objetivos.

  1. ¿Cómo llevar los diálogos y reclamos a la reflexión sobre los instrumentos y mecanismos de la política pública a la instrumentalización?

  • Plan Nacional de Cultura. Se tomó mucho tiempo para reconocer el aporte económico de la música, que sigue estando incompleto. Esto genera resistencia porque no todos se sienten reconocidos. Por eso hay que hacer el Plan Decenal de Cultura con el Ministerio de Cultura. Desde el distrito se debe pensar en instrumentos mucho más amplios que no solo se circunscriben a lo económico. 

  • Plan Estratégico de Cultura. A nivel distrital, se implementará el Plan Bogotá Ciudad Creativa de la Música. Este plan consta de cuatro objetivos y cada uno le apunta a distintos enfoques y tiene acciones muy puntuales, algunas desarrolladas y otras que están por desarrollar. Esta flexibilidad permite más participación de distintos agentes del sector y permite trazar rutas con acciones que aún no están desarrolladas.

  • Desconfianza en las instituciones. Lo más importante es volver a ganar confianza en las entidades públicas que formulan la política. No es posible que hoy en Bogotá ni el Idartes ni la secretaría de cultura conozcan el universo del campo de la música: no se sabe cuántos son, dónde están. ¿Cómo formular políticas si no hay un censo? ¿Cómo confiar en la ruta de esas políticas? Hay que retroalimentar al sector con información certera. 

  • Diversidad en la política pública para diversidad de agentes. El sector de la música en Bogotá es muy diverso y por eso las prácticas de la música se deben conocer muy bien. Si no, las políticas públicas apuntan a un lado y el ecosistema va hacia el otro. Por ejemplo, no todo el mundo hace música para vender, para la noche. El que no quiera tener una práctica musical para vender o para insertarse en la digitalidad o exportar es tratado como si no existiera dentro de la política pública.

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