La Música en Bogotá

La Música en Bogotá antes, durante y después de la pandemia del Covid-19. 

Analizamos las principales reflexiones expuestas por Octavio Arbeláez en su video introductorio y que se dieron entre los participantes del foro abierto de Pulsaciones sobre la música en Bogotá antes, durante y después de la pandemia. 

  1. ¿Qué estaba sucediendo en el sector musical antes de la llegada de la pandemia? 

Como lo menciona Octavio Arbeláez en la introducción al tema, en la última década, las músicas colombianas actuales comenzaron a tener presencia en los escenarios más relevantes de Europa y Norteamérica principalmente y más recientemente también en Asia. La circulación de agrupaciones en la escena internacional fue el resultado de múltiples esfuerzos. Por un lado, unas políticas públicas sostenidas en el tiempo que estaban facilitando el desarrollo de algunas actividades del sector y; por otro lado, la consolidación de una escena musical  unida y coherente que empezó a posicionarse por fuera del país. Sin embargo, la realidad en la escena nacional fue diferente. Por ejemplo,  en ciudades como Bogotá y Medellín, que fueron declaradas Ciudades de la Música por la UNESCO, no se lograron consolidar medidas que estimularan y protegieran el ecosistema de la música asociado a la economía de la noche ni la divulgación de las músicas locales e independientes. Si bien una parte del sector estaba creciendo a nivel internacional,  aún había fallas estructurales a nivel nacional que no se habían logrado resolver.

Algunos de los problemas identificados en los últimos años que se hicieron más notorios con la llegada de la pandemia son: la falta de medidas de apoyo y protección a las salas de conciertos y bares, el desconocimiento del sector sobre la administración de la propiedad intelectual, la incidencia de las sociedades de gestión colectiva en la mitigación de los efectos de la pandemia en el ecosistema musical, la falta de estímulos directos a eslabones de la cadena de valor enfocados en la intermediación jurídica y económica, la falta de procesos asociativos con una agenda conjunta para construir la política pública y, el desconocimiento general sobre el funcionamiento de las plataformas digitales, en especial sobre sus buenas prácticas y los marcos legales que las cobijan. 

Estas son algunas de las principales observaciones del panel en vivo moderado por Juliana Barrero de Lado B junto a Diego Maldonado de OneRPM, Juan Arbeláez de Villalón Entretenimiento, Estefanía Calderón de IDARTES y Gabriel García de Páramo. 

¿Qué puntos positivos había antes de la pandemia?

  • Aumento paulatino del público joven y la oferta de música nacional en vivo. A partir de la década del 2010 se incrementó la oferta de conciertos en las principales ciudades del país. Esto permitió que las audiencias jóvenes, mayores de edad, desarrollaran un gusto e interés por la música en vivo que en las generaciones previas no se desarrolló por la ausencia de espectáculos en vivo. 

  • Hubo una explosión creativa en la música grabada y las plataformas de distribución digital. En los últimos cinco años, el streaming y los diferentes actores relacionados a las plataformas en línea estimularon los procesos creativos, de distribución y de comercialización. De igual manera, pese a la dificultad de establecer acuerdos entre las partes sobre los porcentajes de ingresos, el proceso de digitalización ha permitido a muchos artistas, que antes no cobraban por el material grabado, generar ingresos. En resumen, muchos artistas estaban subiendo su material a las plataformas digitales y estaban monetizando su producción.

  • Las capacidades del campo técnico mejoraron la calidad de la oferta de la música en vivo. Aumentó el número de personas interesadas en aprender y calificarse en aspectos técnicos de la producción en vivo de la música.  Muchas personas se profesionalizaron en la industria antes de la pandemia, lo que permitió realizar más conciertos y de mejor calidad en Bogotá. Las exigencias del medio han obligado a los agentes del sector a subir de nivel en las producciones, posicionando al país como un escenario de óptima calidad técnica para la música en vivo. A su vez, esto generó una mayor confianza en la audiencia, las marcas, y los medios en los eventos de producción nacional. A una escala menor, esto posibilitó el desarrollo de un circuito nacional para que promotores y artistas emergentes trabajaran conjuntamente y ampliaran las posibilidades de la oferta de la música en vivo.

    ¿Qué puntos negativos había antes de la pandemia?

  • Como debilidades, se señaló la falta de infraestructura para la producción de conciertos y la imposibilidad de coordinar la asistencia de menores de edad en eventos con venta de alcohol. 

  • Se mencionó también la dificultad para vender boletas principalmente en eventos masivos con programación artística de artistas distritales. La poca aceptación del público nacional a estas agrupaciones en la programación de los festivales de música incluso cuando éstas son populares en ventas, dificultaba la contratación de artistas locales.

  • La falta de claridad sobre la LEP y los beneficios de la contribución parafiscal del sector de la música fue otro de los retos resaltados en el panel. La Ley de Espectáculos Públicos que corresponde a una acción del  Ministerio de Cultura del 2011 recauda un 10% del valor de la boletería de todos los eventos culturales formales, incluyendo los de música, que es el sector que más contribuye a la entidad. Sin embargo, los beneficios para el sector de la música en vivo y su demanda en cuanto a la formación de nuevas audiencias aún no es muy claro. Es urgente revisar el tema del consumo de la música en vivo desde los públicos y su demanda y no únicamente fortalecer la infraestructura de las salas teatrales de pequeña escala desde la oferta. Adicionalmente, los porcentajes relacionados a la boletería de cortesía cobrado por el Ministerio de Cultura es una carga muy pesada sobre los promotores de eventos masivos y cuyo impacto sobre el sector aún no es evidente.

  • No había organizaciones colectivas robustas en el sector de la música. Faltaban gremios y asociaciones con la suficiente legitimidad y representatividad que hagan contrapeso con respecto a las propuestas del sector público y un segmento del sector privado. Adicionalmente, cuando estos sectores buscan apoyar a la industria musical, sucede que no hay organizaciones articuladas y lo suficientemente sólidas a nivel interno para corresponder con las responsabilidades y requisitos que exige la contraparte. Sin embargo, hay iniciativas que están creciendo y por ello es importante respaldarlas: la MIC, MÚSSICO, la Mesa Nacional de Artistas, IPEE, la Coalición de Música Independiente y, la Asociación de sellos Independientes entre otras. Estos colectivos son iniciativas claves para la formulación de políticas públicas y recibir beneficios del sector privado con enfoque internacional que empiezan a ser disponibles y no tienen cómo progresar en el ámbito nacional. Mencionan también la importancia de que estas asociaciones tengan una sostenibilidad y objetivos de mayor aliento y que no surjan a partir de necesidades reactivas y de urgencia sin una estructura que les permita solucionar problemas más fundamentales del sector contando con la objetividad y confiabilidad necesarias. 
     

  1. ¿Qué ha sucedido en el sector musical desde la llegada de la pandemia? 

Durante la pandemia se agudizaron las condiciones de precariedad laboral en las que se encontraba una parte del sector musical. Los primeros en afectarse fueron los creativos que viven de la música, seguidos de los profesionales de la academia y la música en vivo.  Los agentes y organizaciones con estructuras laborales vulnerables entraron en una crisis económica irreversible que los llevó o bien a cerrar sus actividades o migrar de actividad económica. Arbeláez señala que ante los cambios de los usos y costumbres en el consumo de la música, resulta apremiante establecer nuevas relaciones entre el sector profesional y los públicos.

Un aspecto positivo que venía en crecimiento previo a la pandemia y se sostuvo, incluso se incrementó, ha sido la producción de contenido musical enfocado en la música grabada y la producción audiovisual. Como comenta Diego Maldonado, la producción musical permite tener una cola de espera que una vez llegada la pandemia, le permitió a los artistas tener ya material listo para publicación o dedicarse a la creación de este contenido debido a la cancelación de giras y conciertos. Esto, sumado a la facilidad y acceso de las plataformas y redes digitales aunque la transparencia y balance de la monetización de estas siguen bajo el escrutinio del sector tanto nacional como internacional. 

Aquí, algunas de las principales dificultades que se están viviendo durante la pandemia en el sector manifestadas en el foro en vivo:
 

  • Con las medidas de aislamiento el subsector que sufrió desde el inicio el corte de flujos económicos fue el de la música en vivo. La crisis golpeó primero a los intermediarios de consumo (bares, teatros, festivales, tiendas de discos) que tuvieron que cancelar presentaciones y cerrar los espacios culturales. Seguidos de éstos, los programadores, las agrupaciones, los managers, las empresas de producción y de logística, entre otros agentes vieron su actividad económica principal afectada por las cuarentenas estrictas impuestas en todo el país.

    Los intérpretes han sido uno de los agentes más afectados pues sus ingresos dependían en gran medida de las presentaciones en vivo y muchos de estos músicos no recaudan sus derechos conexos. En general, la pandemia evidenció la precariedad de las condiciones laborales y contractuales de estos agentes, en su mayoría músicos que generan ingresos asociados a la interpretación en alguna (o varias) agrupaciones.

    Con el cierre de los bares y discotecas, los ingresos económicos principales de una gran parte del sector de los músicos independientes, equipo técnico, de logística y productores de eventos, quedaron suspendidos. Esto evidenció la informalidad de los acuerdos y precariedad en las condiciones laborales que se establecen con los contratantes para sus presentaciones en vivo.

    Los músicos, autores y compositores que no tenían al día el registro y recaudo de sus obras y propiedad intelectual, no cuentan con este ingreso económico y al depender casi que exclusivamente de las presentaciones en vivo, han quedado sin cómo monetizar su trabajo. 

 

Muchos trabajadores, sean creativos, intermediarios comerciales o técnicos, han tenido que migrar a otros sectores económicos para poder subsistir.
 

  • Las autoridades públicas desconocen cómo funciona la producción de los eventos y la formación de público a nivel local.  Cuando fueron suspendidos los espectáculos en todo el país había giras en proceso y creían que los agentes tenían pólizas de cancelación para cubrir los riesgos ante un evento de fuerza mayor. Al cancelar un evento de un día para otro se perdieron todas las inversiones realizadas hasta el momento. El análisis es que un cierre paulatino de los eventos culturales más consciente del contexto laboral habría generado un impacto económico más sostenible.

  • El público general quedó limitado a su hogar y el contenido audiovisual se convirtió en el centro de entretenimiento. Previo a la pandemia, el consumo de música sucedía en una variedad de espacios: transporte, salas de espera, la calle, etc. Con las cuarentenas, el consumo de música se vio relegado casi exclusivamente a los hogares y las pantallas de móviles y computadores. Aun así, las grandes plataformas como Youtube o Spotify han movido mucha audiencia que están incrementando las escuchas de listados con música nacional pero el acceso a estas listas sigue siendo limitado para los artistas independientes o autogestionados que no cuentan con grandes presupuestos de promoción o respaldos de disqueras comerciales. Surge la duda de qué va a pasar cuando el hogar deje de ocupar ese lugar de centro de entretención. ¿Saldrá la gente a los eventos? ¿Habrá poder adquisitivo para asistir a eventos musicales?

  • El sector musical es invisible para el Estado y para las industrias más grandes en el país. Es muy importante que estos sectores de la economía reconozcan el valor de la producción musical y vean su potencial en términos de ganancia y generación de empleos. La pandemia y la reactivación dan la oportunidad para explotar más medios locales, la circulación de la música regional, y dar oportunidad a los artistas nacionales. Es la oportunidad también para que los artistas se profesionalicen y desarrollen en temas de mercadeo y promoción en el ámbito local. 


 

  1. ¿Cómo se ve el escenario futuro para el sector musical en la ciudad? 

La reactivación será muy lenta y demandará cambios de mentalidad en la circulación de la música grabada y en vivo. Este es un proceso incierto que resultará en que muchas organizaciones desaparezcan o migren a otros territorios creativos y económicos. Esto a su vez implica una nueva relación con otros entornos laborales y un cambio en la relación con las audiencias que consumen la música local. Tras las pantallas hay seres humanos y no solo consumidores, lo que implica un diálogo e interacción desde la creatividad y el desarrollo de una nueva sensibilidad en un momento histórico que abre discusiones críticas sobre nuestra sociedad. 

Aquí algunas de las necesidades identificadas para tomar medidas que mitiguen la crisis y se conviertan en oportunidades: 

  • Es urgente la articulación entre instituciones culturales nacionales, locales y distritales.

  • Se deben crear mesas de trabajo con el Ministerio de Cultura para tratar problemas de la industria y el sector junto al gobierno nacional. El resultado debe ser una ruta a corto, mediano y largo plazo que aborde las problemáticas que se presentan sobretodo en temas fiscales. Los programas de financiación, beneficios tributarios y fiscales que ya existen, se deben comunicar de manera más abierta y accesible.

  • El acceso a préstamos debe tener condiciones más acordes a la realidad del sector y no beneficiar principalmente al sector financiero. Debe haber reducciones fiscales por lo menos durante tres años para servicios culturales, y la reducción o reestructuración en el pago de la seguridad social para agentes del sector cultural y artístico.

  • La asociatividad se debe impulsar desde las instituciones,  fortaleciendo los procesos de agremiación con estructuras lo suficientemente sólidas y visibles para jugar un papel protagónico que cumpla con la gestión que necesita el sector.

  • Se debe ampliar la utilización de recursos generados por la LEP en otros eslabones de la cadena de la música y para propósitos más amplios que la infraestructura.

  • Es indispensable el relacionamiento con organizaciones supranacionales de otros países a nivel regional como la SEGIB y la OEI. Allí ya se promueven políticas con un fondo multilateral que va más allá del microcrédito. 

  • Los agentes y los artistas deben utilizar este tiempo para invertir en formación, agremiación y ejecución. Sobre la formación: que cada agente se profesionalice en su oficio desde cualquier frente de la música y así tener más elementos a la hora de desarrollar su trabajo.  

 

                             

                             

                   

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