El consumo y la formación de públicos

Documento Técnico: el consumo y la formación de públicos

Identificación de propuestas para el fortalecimiento del consumo de música en la ciudad

Diciembre 2021

 

Introducción

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

A través de este documento se hará una exposición de los hallazgos más importantes relacionados con el consumo de música en Bogotá que se recogieron durante las 7 mesas de trabajo de Pulsaciones 2021. En estas se discutió con 30 agentes del sector musical de la ciudad, entre las cuales había representantes de entidades del sector público, de asociaciones y agentes del sector privado como managers, periodistas, representantes de venues, de sellos disqueros y de plataformas digitales. Las discusiones giraron en torno a dos ejes; al consumo de música y a la asociatividad entre agentes del sector. Por la transversalidad del tema del consumo, en la mayoría de las mesas se hizo un mayor énfasis en este tema.

Para exponer los hallazgos de Pulsaciones 2021, se comenzará hablando de los valores simbólicos que están extendidos en la ciudadanía y la cultura. Estos valores impactan al consumo de música desde todos los frentes, pues están presentes en todos lados; desde los funcionarios del sector público, los agentes de la industria, los consumidores de música, y en los habitantes que no necesariamente son consumidores de música, pero que también son determinantes (como, por ejemplo, las comunidades de vecinos de los venues de música, o los padres de familia).  

Posteriormente, para estructurar el resto de los hallazgos, los más tangibles, iremos desde lo macro hasta lo micro, comenzando con los factores que, aunque afectan de manera muy importante el consumo de música, no impactan de manera exclusiva al consumo de la música, tales como la seguridad y la movilidad en la ciudad. Después iremos acercando las problemáticas al sector de la música, hasta llegar, por último, al núcleo del consumo de música; el consumidor. 

 

  1. La ciudad y las posibilidades que ofrece 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Una ciudad segura que incentive el consumo de música y las actividades nocturnas. Una de las principales barreras para el consumo de música en Bogotá está relacionado con la seguridad de la ciudad. Este factor fue señalado por los participantes de Pulsaciones 2021, que adicionalmente, consideran que es un factor que afecta especialmente a las mujeres, y que explica, al menos en parte, el diferencial del consumo de música en vivo en la noche entre hombres y mujeres. Este es un factor exógeno a las posibilidades de incidencia de la política pública en materia de la cultura y la música en la ciudad. Por otro lado, la percepción de inseguridad desincentiva la visita a lugares nuevos con comunidades desconocidas, a las cuales es necesario acceder utilizando métodos de transporte que a su vez son percibidos como inseguros. La inseguridad también es un agravante para otro tema importante, y es sobre el escaso diálogo e intercambio entre diferentes manifestaciones musicales de las localidades, esto será ampliado más adelante. 

Una ciudad con una amplia oferta de transporte público. El aumento de la oferta de transporte público de bajo costo en la noche es otra petición del sector, ya que consideran que un sistema de transporte público, por un lado, disminuye los costos en lo que tienen que incurrir los ciudadanos y, por otro lado, puede incentivar el desplazamiento durante la noche para aprovechar la oferta nocturna (por ejemplo, gastronómica, asistencia a venues y discotecas).  De lograrse, esto tendría efectos en varios frentes que no solo atañen al desarrollo del sector musical, algunos son: mejorar la seguridad nocturna (el tránsito en la noche puede generar corredores seguros en la ciudad), generar una oferta de transporte a quienes trabajan en la noche (distintos sectores de la economía). Si bien, como reconocen los asistentes a Pulsaciones 2021, que existe, por un lado, una oferta informal de transporte colectivo en las noches, y por otro, el costo de transporte particular (taxis, y servicios por aplicaciones) comparados con otros países no son costosos, consideran necesario garantizar rutas de transporte por 24 horas, por lo menos, en los fines de semana.

Una ciudad que incentive la apropiación del espacio público para fomentar las manifestaciones musicales. Factores como los señalados anteriormente, la seguridad y el transporte, también inciden en las posibilidades de apropiar los espacios públicos de la ciudad, sin embargo, la normativa asociada a la utilización del espacio público también es una barrera.  Los asistentes señalan que no hay claridad, de cuáles son los procesos específicos que un ciudadano tiene que llevar a cabo para utilizar un espacio (quienes pueden usar los espacios públicos, en qué momentos, ante quien se solicitan los permisos, que entidades tienen la autorización de restringir los usos, entre otras dudas. Este desconocimiento es un desincentivo para el uso del espacio público por parte de las manifestaciones musicales que aloja la ciudad. Los asistentes afirman que hay procesos musicales de mayor espontaneidad, que no necesariamente están vinculados a las dinámicas de mercado, por tanto, los espacios de divulgación naturales no son los venues o teatros. 

Una ciudad con una normatividad flexible y clara para el uso de los espacios públicos. Los asistentes consideran que la normativa debe ser accesible y clara para la comprensión de derechos y deberes que tienen los ciudadanos para usar los espacios públicos. Adicionalmente, facilitar el acceso a dichos espacios con unas reglamentaciones flexibles (en burocracia y protocolos). En línea con ofrecer facilidades para la utilización de espacios públicos para las artes escénicas, los asistentes sugieren que en Bogotá hay espacios públicos, que, con poca infraestructura adicional, podrían habilitarse para el uso de manifestaciones musicales, así como promover el uso de espacios existentes en las localidades para este tipo de actividades (casa de la juventud, bibliotecas públicas y comunitarias, canchas deportivas, entre otros). Existen ejemplos alrededor del mundo del uso de este tipo de espacios donde lo único que se necesita es la separación de un turno.

Una ciudad con una infraestructura acorde a las diferentes escalas, de calidad y descentralizada. Con el objetivo de que se promueva la diversidad de escenas musicales y la integración de las localidades, los asistentes consideran pertinente, en primer lugar, promover que todas las localidades cuenten con una infraestructura de calidad. Señalan, que para esto primero, se debe mapear la infraestructura disponible y las condiciones técnicas con las que cuenta, con el ánimo de homogeneizar la calidad de los espacios, así como adecuar espacios públicos.

 

  1. La música en la ciudad 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Una ciudad que promueva la diversidad de escenas musicales y fomente el intercambio entre las localidades (descentralización geográfica). La escena musical bogotana está concentrada, al menos en términos de visibilidad, en contadas localidades. Esta realidad se manifiesta de dos maneras, por un lado, existen pocas localidades con circuitos musicales consolidados, y por otro, las músicas que se están generando en cada localidad tiene muchas dificultades para trascender su circuito y convertirse en un fenómeno que sea adoptado por la ciudad en general. Estos factores señalados dificultan la circulación de la música en la ciudad y la generación de audiencias más robustas. 

En segundo lugar, se requiere incentivar a la integración entre localidades, comenzando por aquellas en donde se encuentren se encuentren las mayores compatibilidades estéticas para generar sinergias. Esto puede hacerse por dos vías; por el incentivo a la coproducción y por la creación de circuitos de intercambio, ambas entre actos que estén funcionando bien en sus localidades y que muestren una compatibilidad orgánica. Podría también fomentarse la creación de festivales itinerantes que sigan un modelo similar al de los festivales Yavería, Hermoso Ruido o South by Southwest, en donde se diseña un circuito que utiliza venues y bares aledaños en diferentes localidades de la ciudad. Por último, considera importante fomentar el intercambio creativo y de experiencias, para esto proponen: seleccionar artistas y proyectos musicales para exponer sus experiencias, generar talleres y sesiones de composición o producción, estimular la generación de coproducciones. 

Una ciudad que genere una oferta musical incluyente para los diversos grupos poblacionales y etarios. Diversidad de horarios. Aunque, como hemos visto, el consumo de música necesita de una mayor apropiación de la noche por parte de la ciudadanía, también necesita expandirse otros horarios del día y así poder llegar a otras poblaciones etarias, principalmente a los niños y los adultos mayores. Estos grupos, son quienes construirán los diálogos culturales en el futuro, que deberían empezar a construirse desde ya. 

Una infraestructura en donde se den experiencias de conciertos positivas. Para atraer a la gran mayoría de ciudadanos que actualmente no son consumidores de música en vivo es necesario asegurarse de que las experiencias de los asistentes sean óptimas. Por el lado de la infraestructura que ofrece la ciudad para esto, aún no es posible ofrecer de manera sistemática este tipo de experiencias. Aparte de los teatros, que son escenarios idóneos solamente para un cierto tipo de consumo de música en vivo, existen muy pocos establecimientos con condiciones idóneas para esto. Los lugares pequeños muchas veces no tienen las configuraciones espaciales ideales, y el equipamiento técnico no es el ideal. En escenarios de tamaños intermedios, desde entre alrededor de los 200 a los 10000 asistentes hay un gran hueco en la oferta de la ciudad, en donde muchas veces no existen los escenarios, con condiciones buenas o malas.

Alianzas entre el sector público y privado para suplir la demanda por espacios de tamaño medio. El Movistar Arena, un lugar de 14000 espectadores y buen equipamiento inaugurado en 2018, en el cual los artistas colombianos están vendiendo números de boletas que no habían vendido antes, es un buen indicio de que una vez se logren cumplir las condiciones para una experiencia de consumo óptima, la demanda cumplirá. El modelo de financiación de alianza público-privada da luces sobre cuál podría ser una manera de suplir la demanda por lugares para todos los tamaños. Una de las novedades importantes que trajo la existencia de este nuevo tipo de modelos es que se logró traer dineros públicos sin la necesidad de traer el aparato burocrático y normativo que no ha logrado ajustarse a las sensibilidades que necesita el sector. De esta manera, el Movistar Arena es financiado por el estado, pero opera con todas las libertades de un lugar privado. Un establecimiento similar, pero con las condiciones, por ejemplo, de prohibición de venta de alcohol para los espacios públicos tradicionales, sería inviable para los inversionistas privados, y tampoco cumpliría con los requerimientos de la demanda. 

Una red nacional de escenarios. La ciudad también se vería muy beneficiada del fortalecimiento de la red de escenarios en todo el territorio nacional. En primer lugar, sirve para los artistas locales al girar por el país, y, en segundo lugar, para tener ciudades complementarias que ofrecer al momento de negociar giras de intercambio con países. Si se puede ofrecer una gira por escenarios interesantes en varias ciudades colombianas se puede pedir mejores giras para artistas colombianos en intercambio. También existen escenarios públicos como el Parque Simón Bolívar que, para la cantidad de veces que se utiliza en el año, deberían tener un equipamiento fijo.

Un mundo digital que represente y potencie el mundo real. Es necesario propiciar desde el sector público un consumo digital de música robusto. Para esto, la sola tarea de poner contenido online no es suficiente, tiene que haber una estrategia completa por detrás, que combine un trabajo de alto nivel de grabación, filmación, post producción, mercadeo, y curaduría. La parte legal de la transmisión de conciertos y contenido con propiedad intelectual también tiene que ser entendida mejor. El contenido público digital se siente por lo general que se hace y se publica por cumplir. Esto es de particular trascendencia, pues el contenido malo a veces no solamente no ayuda, sino que puede hacer mucho daño. La serie de sesiones en vivo de la radio pública de los Estados Unidos Tiny Desk es un buen referente de lo que una curaduría pública puede lograr, con algunos artistas desconocidos que son catapultados con la figuración en el programa.

Medios de comunicación y de difusión con capacidad de llegada a la ciudadanía. Aunque Bogotá no ha tenido por lo general medios de comunicación musicales especialmente fuertes, hoy en día parece estar peor que nunca. En cuanto a los medios públicos, no se entiende muy claramente cuál es la apuesta curatorial de las emisoras de RTVC, y en los canales de televisión no parece haber un contenido musical muy fuerte. En cuanto a los medios privados, estos han perdido mucho poder y sus funciones destinadas a las artes han sido las primeras en retraerse. Ante este desierto de comunicaciones, se ve necesaria la creación de una nueva apuesta pública, o público-privada, para comunicar la agenda cultural y conectar a la población con lo que está sucediendo en la ciudad. 

 

  1. El sector musical de la ciudad

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Un sector musical que trabaje en equipo. Bogotá no se ha caracterizado por tener una cultura que genere una tendencia fuerte hacia la colaboración y asociatividad, y el sector musical no es una excepción. Este es un sector que no ha tenido ninguna asociación formal que perdure en el tiempo, que no ha logrado políticas de seguridad social para sus trabajadores, ni apoyos públicos que otros sectores más pequeños, pero mejor organizados, sí han logrado. Aunque la pandemia mundial generó la preocupación y liberó algo de tiempo en las agendas para empezar algunos procesos asociativos, el camino hacia un sector con asociaciones fuertes parte en realidad de un reconocimiento de las ventajas que puede tener el estar asociados y de la determinación de sus agentes en crecer no solamente como empresas e individuos, sino como grupo también. Los beneficios de esto son, entre otros, el de la creación de una voz unificada que pueda ser oída y entendida por las entidades públicas, y con la cual se pueda pedir apoyo público que sea significativo y pertinente. También aporta a la generación de estrategias en conjunto, abre canales de comunicación a través de los cuales la experiencia de un agente sirve para enriquecer la experiencia de otros. Todo esto ayuda a que se pueda crecer el sector de una manera uniforme, generando sinergias que retroalimentan la cadena.

Un imaginario compartido de lo que significa Bogotá como ciudad musical. Uno de los requisitos para que el sector pueda empezar a ser considerado por los agentes que están en él como un organismo digno de inversión de tiempo y esfuerzo en hacer crecer, además de sus carreras y empresas individuales, es la construcción de una idea común de lo que es Bogotá como ciudad musical. Para el caso particular de esta ciudad, en parte por estar constituida a partir de los flujos e influencias del resto del país, el sentido de identidad es un poco difuso. Por esta razón se ve necesario un esfuerzo consciente de parte de creadores, asociaciones, festivales, ruedas de negocio, sector público, y el resto de agentes que hacen parte del diálogo musical, de realizar acciones que ayuden en el camino de crear un imaginario compartido de lo que representa la ciudad musical de Bogotá. Esto podría lograrse creando e impulsando documentales, películas, libros, artículos, memorias o música que resalte los aspectos memorables de la historia y actualidad de la ciudad y fortalezca sus hitos. Es necesario celebrar la música de Bogotá, reconocer el papel que ha tenido en la historia de la música colombiana y narrar una idea de la ciudad que movilice a la gente. Por más de que el insumo de la música bogotana haya llegado en gran parte de las regiones de Colombia, este ha sido el lugar que las ha desarrollado desde tiempos de Lucho Bermúdez, y ha puesto siempre su sello particular, por lo cual ha sido poco valorada, especialmente internamente.

Que el título Bogotá Cuidad Creativa de la Música, sirva como guía e incentivo para el desarrollo hacia el futuro. Este título, otorgado a la ciudad por la UNESCO en 2012, aún no ha sido trabajado por el sector público de una manera sólida; la respuesta de las entidades públicas a este reconocimiento se ha quedado siempre en lo descriptivo y rara vez llega al plano propositivo. Aún hay mucho potencial sin explotar, que serviría a generar esta idea de ciudad que la ayude a pasar de ser un gran número de propuestas musicales que luchan por sí mismas a ser una ciudad que busca el bienestar colectivo de sus trabajadores, la salud cultural de la ciudad y del país, y la proyección hacia adentro y hacia afuera de unas calles llenas de una cultura musical diversa en donde confluyen cientos de expresiones tradicionales con una visión moderna y de estándares de calidad mundial.  

Una cadena de producción musical con fuerza en todos sus eslabones. La ciudad se encuentra hoy en día con buena capacidad en competencias musicales, pero se encuentra muy por debajo en las competencias complementarias necesarias para construir una industria realmente poderosa desde la creación hasta el consumo. Hace falta en el país una comprensión completa, de parte de todo el sector, de la cadena de producción musical. Una producción discográfica y de música en vivo robusta, con calidades artísticas y técnicas, y que sea recibida por un público que la consuma y la asimile correctamente, depende de otras funciones además de las de los músicos, compositores o intérpretes. Esta realidad no parece ser muy reconocida en Colombia, en donde muchas veces ni siquiera los propios músicos entienden y valoran las funciones complementarias que cumplen los intermediarios, los curadores, o productores musicales, entre otros. 

Una producción musical que genere dinámicas de consumo. La producción musical, cuya función principal es la de desarrollar ideas en bruto de tal manera que lleguen a convertirse en un producto artístico sólido y que sea asimilable por un público objetivo, es una de las mayores debilidades de la creación discográfica local. La producción musical es la que ha hecho posible unir la espontaneidad creativa de las generaciones nuevas con la experiencia y destreza de las generaciones anteriores en las industrias que han marcado la historia de la producción discográfica. La falta de reconocimiento de las funciones de un productor, sumada a la falta de sostenibilidad y financiación para pagar su trabajo en el panorama actual del negocio discográfico mundial, y la subsecuente falta de un capital humano especializado en esta área, ha significado que gran parte de la música lanzada por la industria local salga muy por debajo de su potencial técnico, artístico y conceptual. Pero esto no parece ser un problema primariamente de capital humano; en la ciudad hay buen nivel de músicos bien equipados en materia técnica y conceptual, aunque si bien con poca experiencia como productores, que eventualmente podrían suplir una eventual demanda significativa por producción musical, que es la parte del engranaje que más ha fallado. 

Una oferta musical mejor curada en la ciudad. La función curatorial, encargada de leer la demanda y la oferta para luego crear puentes de consumo entre estas dos, es quizás el rol de intermediación en donde más está fallando la cadena productiva de la música en el país. Esta es una actividad que es fundamental a la hora de acercar la oferta musical con su demanda potencial y que está muy rezagada con respecto a otras competencias. La curaduría podría parecer como una parte de menor importancia en la cadena, pero no lo es; una mala curaduría puede hacer que los consumidores crean que la oferta es mala, aun cuando esto no sea cierto. 

Una curaduría pública dinámica y que logre incluir a toda la ciudad en el diálogo musical. En Bogotá existen muchos nichos en potencia con una demanda desactivada por falta de una curaduría especializada que la active. Para esto el sector público debe ayudar a curar mejor, teniendo en cuenta que no hay realmente algo así como una "buena" o "mala" música en un sentido universal, lo que hay es música buena y música mala para ciertos públicos y contextos, y de ahí la importancia de la curaduría. Actualmente, la curaduría pública de la ciudad está centralizada en muy pocas manos, que son las mismas desde hace muchos años, y de las cuales se percibe poca disponibilidad para la participación colectiva, para el recambio generacional o para una apertura más competitiva. 

Una ciudad que promueva los negocios de la música. También hace falta un trabajo en la mejora de capacidades de manejo de medios, de distribución musical o de manejo de proyectos musicales. El desarrollo de estas competencias debería comenzar desde la educación primaria y secundaria, lugar en donde se forman al mismo tiempo los futuros creadores y consumidores. 

Una ciudad que ofrezca educación musical en edades tempranas. Que incluya más niños y que enseñe la diversidad de roles que hay en la música. Para estas instancias, la educación musical para la infancia tiene que estar más conectada con el mundo, no como se ha hecho con la flauta dulce; un instrumento muy poco escuchado hoy en día, pero sigue siendo el más popular para la educación escolar. Adicionalmente, la educación musical en estas instituciones tiene que abarcar visiones mucho más generales que incluyan a todos los niños, a través de algo más parecido a un proyecto musical completo, en donde se incluyan muchas otras áreas creativas, técnicas y de intermediación asociadas, tales como ingeniería de audio, arte, diseño gráfico, fotografía, videografía, curaduría, administración y producción. De esta forma se puede incluir a niños con menores aptitudes musicales o con otros intereses y capacidades. También se trabaja en las competencias que hacen falta en la cadena de creación e intermediación de nuestra industria y, lo que es más importante aún a la hora de crear industria, en la integración de todos estos saberes complementarios. También ayuda a conocer más de cerca la interacción de diferentes saberes que resulta en una creación musical completa, lo cual a su vez formará consumidores con una apreciación musical más desarrollada. Para este tipo de educación integral, es fundamental la libertad de escoger tanto el tipo de proyecto, el género musical, o los roles de cada uno.

 

  1. El ciudadano y la música 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Una ciudadanía que reconozca la expresión musical como un bien esencial para el bienestar ciudadano y de una sociedad. El que quizás es el factor más determinante para que una ciudadanía pueda tener una relación saludable con su música es el reconocimiento generalizado de la utilidad cultural que ésta y otras expresiones sociales traen a una sociedad.  Desafortunadamente, Bogotá no parece tener una cultura que valore de manera muy positiva sus expresiones sociales, juveniles y nocturnas, las tres estrechamente relacionadas con la expresión musical. Existe la sensación generalizada en el sector de que la música en vivo tiene pocos aliados en muchos sectores de la sociedad. A diferencia del fútbol, que goza de un estatus de “intocabilidad” en la sociedad colombiana, las autoridades han legislado en contra de la apropiación de los espacios nocturnos, con ejemplos como la “ley zanahoria”, la policía jamás parece distinguir entre un venue o una discoteca al momento de abordar y cerrar establecimientos, y la mayoría de iniciativas espontáneas de música en vivo en la ciudad suelen ser mal recibidas por una parte importante de las comunidades vecinas, que además suelen contar con el apoyo de una policía conservadora, muchas veces parcializada en contra de las expresiones juveniles y musicales. 

Investigación, educación y difusión que hable de la importancia de la música y el resto de las expresiones artísticas. En el camino hacia un escenario de plena valoración social de las artes, en donde no exista la necesidad de explicar o argumentar la importancia de sus utilidades culturales, pues esto ya ha sido incorporado en el sentido común, la política pública tiene que llevar la batuta en tres frentes; la investigación, la comunicación y la educación. Esto para dar respuestas específicas al porqué de la importancia de la utilidad cultural y para lograr una socialización de largo alcance de las conclusiones, a través de la educación en todos los niveles y a través de unos medios de comunicación que tengan alcance real y significativo.

Una ciudadanía libre de prejuicios y estigmatización de la noche. Hoy en día, para muchos ciudadanos, existe una sensación, alimentada de prejuicios infundados, de no existir puntos de encuentro, o de que se será mal recibido en algunas comunidades con realidades diferentes. Pero estos miedos son propios de la desconfianza generada por la distancia y el desconocimiento, más que por visiones malintencionadas. Si toda esta diversidad de realidades pudiera encontrarse una con la otra, los diferentes polos de la ciudad podrían entenderse mutuamente, acercándonos hacia el país que imaginamos. Por su estrecha relación con la juventud, la cultura musical, junto con todas sus subculturas, funciona como un preludio a los cambios sociales y culturales. Por esta razón, tiene el deber de liderar los cambios sociales que necesita el país, siendo la desigualdad, tanto como fenómeno económico como fenómeno cultural y psicosocial, el más grande. El reto más importante que tienen los agentes de la música en la ciudad es el de construir un mundo en pequeño, a través de la música y sus espacios, en donde todos los ciudadanos colombianos puedan verse como iguales, que luego se expanda hacia el resto de los espacios.  

En general, las horas de la noche han sido entendidas por parte de la cultura colombiana y por parte del sector público como momentos improductivos, inseguros y quizás inmorales, en donde nada muy importante debe suceder. Pero estas horas son esenciales, entre otras cosas que no competen a este documento, para el desarrollo de la escena musical. Aunque la iniciativa de “Bogotá 24 horas” de la Secretaría de Desarrollo Económico de Bogotá aún no parece haber impactado de manera muy clara al sector, deja entrever un posible cambio en el valor que se le da a la noche de parte del sector público.

Una ciudadanía dispuesta a pagar por música. Hay una baja valoración de la música como bien de consumo en la ciudad, lo cual se manifiesta en una baja disponibilidad a pagar por música en vivo. Mientras que en muchas discotecas de la ciudad es común encontrar largas filas de personas dispuestas a pagar entre 30.000 y 50.000 pesos por una entrada sin ningún artista musical o dj en específico, una boleta de 30.000 pesos para conciertos de la gran mayoría de artistas locales es considerado muy caro. Aunque hay opiniones que dicen que la oferta de música en vivo gratuita en la ciudad es muy alta y esto ha diezmado su valoración económica, esta opinión no es compartida por todo el sector, ni tampoco parece estar apoyado por que muestra que el público que más consume conciertos gratuitos es al mismo tiempo el que más paga por estos, señala LADO B a partir del análisis de las Encuesta de consumo cultural del DANE . 

Sacar provecho a los cambios en la valoración de conciertos que trajo la pandemia mundial. El final de las cuarentenas estrictas y los cierres de venues por la pandemia mundial mostró un aumento en la disponibilidad a pagar por conciertos. Aunque hay muchas razones para creer que este aumento es transitorio, es un cambio que hay que intentar mantener en el largo plazo, pues puede impactar los hábitos y aumentar la valoración real de la música en vivo, aprovechando el reconocimiento de la importancia de los conciertos que trae su escasez. Para diseñar políticas que puedan impactar esta valoración, es necesario tener en cuenta algunos de los factores que inciden en ella. El primero, en el cual no pretendemos lograr incidencia, son los ingresos poblacionales. Pero en segundo y tercer lugar están la calidad de las experiencias en vivo y procesos culturales simbólicos, rutas a través de las cuales es necesario mediar. 

 

  1. Las políticas públicas para una ciudad de la música

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Un estado que entienda bien las características y necesidades específicas del sector. Una de las peticiones más vocalizadas por los agentes de la industria, incluyendo a los representantes de entidades públicas, es la necesidad de un estado que entienda mejor las realidades contextuales del sector. Esta desconexión de las políticas públicas se manifiesta, por ejemplo, en los eventos públicos y público-privados en los que se prohíbe la venta de alcohol, una parte fundamental de la sostenibilidad del negocio de la música en vivo, y del disfrute de este tipo de eventos según la cultura prevaleciente en el país. 

También se evidencia en la dificultad de integrar la financiación publicitaria, que es un pilar de la sostenibilidad de la industria de la música global, en los eventos y espacios en donde el estado tiene una participación importante. Teniendo en cuenta esto, se destaca el caso de la Arena Movistar, una alianza público-privada que logró un modelo de apoyo público con una libertad de utilización que se ha ajustado bien a las necesidades tanto de los espectadores como de los inversionistas. 

Otra evidencia de la falta de conocimiento de las dinámicas propias de la música en la ciudad,  es el promover apoyos para escenarios a los cuales no pueden acceder lugares clasificados como bar, así llevan años apoyando la música en vivo. Aunque es evidente que no todos los bares cumplen una función importante dentro del medio musical, muchos de estos son primordiales para esto. Por último, para que el estado y los mismos agentes del sector conozcan bien el panorama se necesita un censo completo de la música. Hoy en día, la oferta musical se ha atomizado y diversificado, haciendo muy difícil, aún para los funcionarios especializados en música, tener una idea completa de las diferentes escenas del país. Por esta razón, algunas escenas importantes pueden pasar desapercibidas para el aparato público. 

Una comunicación digital que conecte con las audiencias. En cuanto a la comunicación de IDARTES, existen fallas a la hora de hacer llegar su oferta de eventos y contenido digital a la población. Por un lado, hace falta una mejor curaduría de su contenido digital, pues sus canales mezclan contenido de todo tipo, lo cual evidencia un desconocimiento de las dinámicas de consumo en línea. Por otro lado, la agenda cultural de la entidad no está llegando de manera robusta. Para IDARTES y otras entidades similares cuya misión es la de impactar poblaciones enteras, es importante generar una multiplicidad de caras al público diferentes, cada una enfocada en poblaciones objetivo con intereses y gustos diferentes. 

Indicativos que reflejen el impacto de las políticas públicas. Un punto muy importante que impacta toda la política pública enfocada en este sector es la manera con la cual se mide el rendimiento de las acciones públicas. Aunque se reconoce que esta es una problemática compleja que no necesariamente tiene una única respuesta correcta, al menos aún, se ve necesario un diálogo entre las instancias de política pública pertinentes que pueda llegar a acuerdos nuevos en esta materia, pues si se continúan utilizando indicadores binarios de cumplimiento, sin preguntarse por el cómo se ha cumplido y del tipo de recepción o impacto alcanzado, se dará un apoyo de poca contundencia al sector.

Mejor inversión en becas de circulación. Por el lado específico de las becas de circulación, se ve la necesidad de cambiar el modelo a uno que responda mejor a los tiempos de la industria, en donde las giras son planeadas con pocos meses de anticipación. Adicionalmente, estos apoyos deberían venir condicionados a o combinados con un trabajo importante en las regiones a visitar, pues sirve de muy poco una visita sin un trabajo de largo plazo de los nuevos territorios. Podría condicionarse la entrega de este apoyo a un trabajo previo que muestre buenos resultados. Alternativamente, podrían ser entregados en conjunto con un apoyo para coproducir con artistas de los países destino, lo cual a su vez abre la puerta para generar alianzas con becas internacionales.

Protección para establecimientos dedicados a la música. En cuanto a la normativa para los usos del suelo, se necesitan mejores protecciones para los establecimientos del sector; que los venues de música tengan protecciones contra cambios en el uso del suelo y que se reconozca su derecho como primeros habitantes. Esto hoy en día no sucede.  

Articulación entre entidades públicas. Así como se ha evidenciado recientemente que el ecosistema de agentes privados de la música necesita de cohesión y de la creación de consensos y metas en común, las entidades públicas también están desarticuladas entre sí. De manera paralela con la creación y el fortalecimiento de agremiaciones y asociaciones, el estado tiene que encontrar una manera de unir las misiones y proyectos de sus diferentes entidades. Esto podría lograrse a través de la creación de una entidad superior que funcione como un tipo de sistema de gobernanza para la política pública enfocada en el sector.

Apoyos públicos a la creación discográfica que reconozcan la importancia del trabajo en equipo. En cuanto a los apoyos públicos para la producción de álbumes o sencillos discográficos, la manera en que han sido diseñados los ha hecho ser recibidos por los proyectos y agrupaciones más como un premio al trabajo antes que como un impulso para mejorar la capacidad de creación. En cuanto al engranaje específico de la cadena discográfica a la cual se debería priorizar la inversión de los dineros públicos, es importante tener en cuenta que hoy en día no se necesita mucho dinero para alcanzar los más altos estándares de calidad técnica en cuanto a equipo físico; si se tiene el capital humano indicado, es posible hacer discos enteramente competitivos en los más exigentes mercados internacionales con poco más que un computador portátil. Pero lo que ha hecho y sigue haciendo falta es una valoración del rol del productor y dinero para pagar por él. Por esto, el estado tiene que generar incentivos bien diseñados para la inserción en las producciones de un mayor número de cabezas experimentadas y con visiones panorámicas de la creación y el consumo de música. 

Comentarios

Debes iniciar sesión para poder añadir un comentario

acceso

registro

acceso